El refuerzo negativo

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No sé dónde leí hace poco que, cuando un/a niño/a hace algo bien, es mejor darle las gracias por lo que sea que haya hecho en lugar de decirle el típico “muy bien, peque“. Poniéndome en el lugar del/a niño/a, me parece algo lógico y natural el preferir algo como: “gracias por pasarme el pan“, antes que: “¡muy bien, Blan, pero que muy bien: me has pasado el pan!”. Hay una diferencia bastante notable. En cualquier caso, y a lo que iba: me mola el tema del refuerzo positivo, eso de decirle a l@s peques lo que hacen bien en lugar de recalcar lo que hacen mal. Como decía, mucho mejor escuchar “gracias por pasarme el pan”, que “¡oh, qué raro, me has pasado el pan y nunca lo haces. Es verdad: nunca me pasas el pan!”. Haberlos haylos.

A pesar de que yo soy la primera que cae en “siempre que vamos a tal sitio, te portas mal”, “no eches a correr, que te veo venir”, “después de jugar hay que recoger, que siempre lo dejas todo tirado“, entiendo que, en la práctica, el refuerzo positivo es, o debe de ser, mucho más agradable y probablemente mucho más fructífero con los niños… y también con los mayores.

Pienso esto cada vez que, en mi presencia, alguien machaca al prójimo (o a mí misma) subrayando lo que hace mal, en lugar de lo que hace bien (que algo habrá). Llevo meses analizándolo: las personas tendemos a considerarnos víctimas del dolor o de la mala leche ajenas, como si se tratara de una ofensa hacia nuestra persona. “Siempre estás de mal humor”, “nunca vienes por aquí”, “siempre estás quejándote”, “nunca tienes tiempo”, “si hubieras hecho esto”, “si no hicieras lo otro”, “tenías que haberte dado cuenta de tal cosa”, “cómo se te ocurre no pensar en tal otra”.

¿Decirle a alguien qué cosas hace bien, cuáles de sus esfuerzos se ven aunque parezca que no, lo mucho que les apoyas en esta u otra decisión, y lo mucho que les aprecias cuando más necesitan escucharlo? Eso nah, pa qué. Mejor el refuerzo negativo: que tu prójimo viva con la certeza de que da igual lo que haga, da igual lo que curre, lo que se machaque porque las cosas salgan bien o al menos lo mejor posible… da lo mismo: por algún lado le caerán. Por algún lado alguien tendrá algo que decir o alguna cara de culo que poner frente a las decisiones que más le ha costado tomar, pero que ha tomado, y son suyas, y punto, y se acabó. Es muy difícil vivir con eso, y más cuando las rachas buenas quedan tan lejos que una ni se acuerda de cómo cojones eran.

Y es que me lo merezco, porque menudo morro tengo: meterme a autónoma, querer dedicar 12 horas al día a buscar clientes y currar para ellos desde casa o desde donde cojones sea, madrugar para estudiar y acostarme tardísimo para ordenar mi caos de casa, tener las ansias de recuperar mi carrera y mi vida laboral, qué hijaputa, qué morro. Menuda jeta tengo por, como dice una amiga, estar hasta los huevos de estar triste.

Esta mañana estoy disfrutando de 10 minutos de desconexión territorial, porque la monserga de “esto está mal, esto está peor, esto es lo más de lo más de la desesperación” está llegando a un punto de no retorno en el que me lo aplican a mí, se lo aplico a Eva, Eva se lo aplica a sus muñecos… No puedo permitir que los bucles se hagan infinitos jodiéndome un verano (más). Finite incantatem. Y al que me diga lo chunga que soy y lo mal que hago todo, le diré: a follar más y joder menos.

Así que vamos al lío.

Que tengáis un buen finde, ¡y acordaos de nuestro sorteo!

2 Comentarios

  1. Noemí

    Pues sí. Si dejásemos de ser tan duros y negativos los unos con los otros, si nos dijésemos las cosas buenas en lugar de centrarnos en las malas…mejor iría el mundo y más felices seriamos. Un abrazo, preciosa. Ánimo…queda verano para disfrutarlo. 😎

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