Los “ballellos” de Aoki

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Seguramente es porque empieza a ser consciente del mundo que le rodea y no hay un minuto al día que no vea a su madre sin un libro y/o unos papeles en la mano… el caso es que desde hace unos meses, una de las actividades favoritas de Eva es sentarse en el sofá, coger un cuento y ponérselo frente a los ojos mientras recita: “Eva llellendo un biblo, Eva llellendo coto” (“Eva leyendo un libro, Eva ‘leyendo’ un conto”). Hace ya tiempo que jugamos leyendo/leemos jugando con My little book box, pero el cuento que recibimos hace un par de meses fue el más bonito que nos ha llegado por esa vía.

El libro es de estos que los abres y se salen. Literalmente, además: las ilustraciones son preciosas y la historia súper tierna, sí, pero lo más guay es que cuando abres el cuento, las ilustraciones salen hacia ti: son en relieve, es un libro “pop-up“, que se dice. Cuenta la historia de un pingüinito que se llama Anoki (aunque Pipeke le llama “Aoki“… ¡si cuando yo digo que salió a mí la niña es por algo, je!) sale del cole, prepara la maleta, coge el bus, y va con su familia a visitar a sus abuelos, “ballellos” en Pipekés.

Y este libro, por bonito, ha entrado a formar parte de una sección especial que tenemos en nuestra Cuentoteca particular: la Balda Más Alta. Ahí, fuera del alcance y la vista de l@s niñ@s, estoy poniendo todos los libros que no quiero que sean destrozados, hechos trizas, descuartizados o metidos en el horno o la lavadora, ya sea por bonitos o por cuestiones sentimentales. El Principito, que era mío, o la colección de 5 cuentos clásicos, que era de mi padre, por ejemplo, también forman parte de esa sección de cuentos que solo cogemos cuando estamos las dos juntas y, a ser posible, calmaditas…

Como siempre, os cuento con fotos cómo nos lo pasamos el día que decidimos ir con Aoki a ver a sus abuelos 😉

Leer el libro sin desgraciarlo fue toda una aventura. Nos sirvió para ir aprendiendo que hay algunas cosas que no debemos romper. Que conste que yo soy defensora de dar rienda suelta a nuestros instintos en la medida de lo posible y eso hacemos casi siempre: explotar globos, tirar colores lo más lejos que podamos, gritar como salvajes... Pero también hay que ir aprendiendo que hay cosas que debemos cuidar y no romper. Este cuento nos sirvió

Yo soy defensora de dar rienda suelta a nuestros instintos en la medida de lo posible y eso hacemos casi siempre: explotar globos, tirar colores lo más lejos que podamos, gritar como salvajes, rodar por el suelo… Pero también hay que ir aprendiendo que hay cosas que debemos cuidar y no romper. Este cuento nos sirvió para practicar… leerlo sin desgraciarlo fue toda una aventura, ¡pero lo conseguimos!

Una de las actividades consistía en fabricar un acuario con la caja de My little book box y los materiales que contenía.

Una de las actividades consistía en fabricar un acuario con la caja de My little book box y los materiales que contenía. También aprendimos algo nuevo: a usar el pegamento sin embadurnarnos demasiado. En un principio, pensé que  sería dificilísimo darle un tubo de pegamento a Pipeke y que no terminásemos las dos pegadas al techo del salón, pero mi hija (una vez más) me sorprendió gratamente… ¡Sabe pegar! Y no me refiero (solo) a zoscarle a sus amigos de vez en cuando, sino a pegar fieltro sobre cartón…

L ode pegar el algodón de las nubes ya fue un poco más complicado. La neni acabó con los dedos todos algodonosos... y para ser sincera, yo también.

Lo de pegar el algodón de las nubes ya fue un poco más complicado. La neni acabó con los dedos todos algodonosos… y para ser sincera, yo también. ¡Pero el acuario quedó súper bonito!

Lo mejor del acuario fue pescar estos peces en él. Fabricar los peces ("peishesh" en Pipekés) era otra del las actividades

Lo mejor del acuario fue meterle los peces y pescarlos 😀 Fabricar los peces (“peishesh” en Pipekés) era otra del las actividades que proponía la caja. Lo único que no me gustó fue un imán pequeñito que traía, que servía para hacer la caña de pescar. Cada pez lleva un clip en los morros, y el imán se usa para atraerlo y pescar al pececillo. El imán viene suelto y la forma de pegarlo al trozo de lana que hace de sedal me parece un poco precaria. Al final, nosotros metimos el imán en un minisobre de papel que me curré en un momento y que envolví en cinta adhesiva hasta que fuera absolutamente imposible que Pipeke lo sacara y se lo comiera… (ahora que lo pienso… ¿me estaré volviendo paranoica? :P)

pescar peces de papel

Jugando a pescar… “Maaaaaamiiiii, a bugal a pescal!”, en esta casa ya no se escucha otra cosa…

Un twister

La última actividad de la caja, al principio, no le gustó mucho a la peque. Creo que no pillaba el conceto: seguro que recordáis el Twister, el juego ese de pisar en los circulitos que te van tocando y acabar haciendo contorsionismo encima/debajo de tus amig@s… pues básicamente es lo mismo, pero en versión pipeka. Como os digo, ese día a la peque no pareció emocionarle… pero los días siguientes no hizo otra cosa que exigirnos a mí, a Kiko (el gatejo que aparece en el círculo verde), a Loso (el oso de peluche), a Loveja (la oveja…)  y a todos los demás peluches que jugáramos con ella a pisar (“maaaaaaaaaami, mamos a bugal a pisal!” en Pipekés).

aprendimos a hacer pizza

Reconozco que el día que abrimos la caja de Vamos a ver a los abuelos, el plan inicial era hacer una de las recetas del libro anterior que nos habían enviado y ya mencioné en otro post, el de El chocolate y los postres. No fue posible porque, como algun@s seguramente ya sabréis, para hacer una receta con una persona de 2 años son necesarios, como mínimo, dos adultos bien despiertos y esa tarde solamente estaba yo con la peque. Además, en un momento de mono chocolatero me comí los lacasitos que había comprado para adornar el postrecillo que íbamos a hacer… así que decidimos terminar la jornada haciendo algo parecido: una pizza casera. Fue un cristo de tomate, champiñones y mozzarella, y Pipeke se las arregló para zamparse todo el jamón antes de que la pizza fuese al horno… pero bueno, nunca una pizza me supo tan rica 😉

Como siempre, os animo a que pilléis para estos meses de otoño una de las cajas de My little book box. Con el código “nenas”, tenéis descuento. ¡A ver si este mes, por fin, alguna abuela, o algún padre, o algun/a amig@ comprensiv@ colabora desinteresadamente con nosotras para que podamos hacer (y enseñaros) nuestro postre de chocolate! Yo prometo no comerme esta vez  los ingredientes… 🙂

6 Comentarios

  1. Paula

    Me encanta esta muchacha y la vitalidad que tiene!! jajaja y las actividades, todo!! 🙂 Ya te lo dije hace un post, me tengo que hacer de alguna de estas cajas, es mi próximo propósito! un besito para las dos!!

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    • Blan

      Pues ya sabes, Pau, con el codiguillo os lleváis descuento 🙂 La próxima nos va a llegar el lunes, creo, es un cuento que va de unos “pacalitos”, estamos impacientes! jeje. Muaaaks

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    • Blan

      Hola Eva! hay para todas las edades, yo los recibo desde que Eva tenía un año y pico y al principio guay, los cuentos que nos mandaron son super bonitos y ella lo pasaba bomba. Pero la verdad es que es a partir de 2 cuando más se disfrutan las actividades, porque también se enteran más de lo que hacen 😛

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  2. Maribel Peña

    Este mes pillé este cuento para mi sobrina, que era su cumple, y le/me encanta!!!!! Es una preciosidad!! Como todos los cuentos de little boom box!!!! Yo te agradezco mucho que me los dieras a conocer xq me encantan!!!:)

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  3. Mady

    Me encanta! Ahora que empiezo a cobrar un pelín más vamos a meternos en esto de las cajas chulas 😉 Me encanta Pipeke, cualquier día me planto allí arriba pa pegarle un bocal…con respeto, jajaja. Un besete!

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