#Desdibujando: Caillou, perdonar y las multitudes

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Es maravilloso, enormemente tranquilizador, el momento en el que ves que tu hija no es la única niña del mundo que adora comer arena y piedras aun traspasada la frontera de los dos años. El mes pasado tuvimos el placer de comprobarlo, cuando llegamos al paqui  y unos peques encantadores invitaron a Eva a compartir su festín de piedras y arenas, como si fuera una más. De hecho, lo fue: se sentó en el corrillo de diminutos como quien se sienta a la mesa en casa de sus padres, cogió el instrumental que sus nuevos amiguitos le prestaron (una palita y un cubo) y comenzó a degustar animadamente su ración de gravilla, mientras los demás trataban de construir un castillo en el medio. Disfrutó tanto que, al día siguiente, yo ya le había comprado un pack de cubo, pala, rastrillo y molde de esos de hacer estatuas de arena. Desde entonces, el pack arenero es un must a la hora de ir al parque y no digamos a la playa (que se merece un post aparte).

Por eso nos llevamos una grata sorpresa el otro día, cuando la madre de Caillou sugirió a su hijo que llevara el cubo y la pala al parque en lugar de un dinosaurio. Eva se emocionó al reconocer sus juguetes favoritos del momento en la pantalla y comenzó a gritar “¡cubo, palla, caquillos!” (“¡cubo, playa, castillos!”), y yo aproveché el momento para tender una lavadora de esas cojoneras donde las haya, de ropa menuda a más no poder.

Así estábamos de entretenidas cuando, de pronto, Eva dejó de gritar “¡cubo, palla, caquillo!” y exclamó “Ooooh… popinio Caillou… popinio…” (“Ooooh… pobriño Caillou… pobriño…“). Me asomé al iPad para ver qué le había pasado al pobre hombre, y descubrí que Leo y Clementine habían echado a Caillou del cubículo de arena porque este se había cargado un castillo de arena y un cubo. Allí estaba el pobre niño alopécico, desconsolado, solo, mientras su madre trataba de consolarlo y de proponer soluciones.

¿Qué soluciones?

Que Caillou se jod*, básicamente, porque la hermana, Rosie, está muy entretenida y ella también, cotilleando con otras dos mujeres (sí, mujeres, porque padre que lleve a su hijo al parque no aparece el primero en este capítulo) y no piensa irse a casa en ese momento. Viene a decirle lo que en gallego sería: “ai, agora… amáñate”.

Caillou continúa jugando solo como la una mientras sus ex-amigos le ignoran por completo. Únicamente cuando el pobre se encuentra en peligro, suspendido en el aire, colgado de una de esas escalinatas que hay en los parques infantiles a modo de juego (algo que yo jamás comprenderé) pidiendo auxilio, su madre se acerca a él para preguntarle qué le pasa, que por qué no juega con sus coleguis en el arenero… se ve que esta señora es de las que necesitan que todo se les explique dos veces. Por fin, entiende el problema de su hijo mayor y propone una solución: ya que no quieren jugar con él porque rompió el cubo… que les diga que él mismo tiene otro. Resumiendo: “¡Préstales el tuyo! Y te perdonarán”.

Y en efecto, sucede. Caillou se aproxima a la zona cero y ofrece su cubo a Clementine, que lo acepta, y le acepta, de nuevo, como compañero de juegos.

No sé si lo que más me molesta es que la madre de Caillou lo ignore a él y lo que él le cuenta hasta el momento en el que el pobre está pendiendo de un barrote y aterrorizado, y que solo en ese momento ella se preocupe de proponer una solución al conflicto, o si es el hecho de que esa señora no se preocupe de integrar a su hijo en el juego con Rosie (más bien de lo contrario: “estoy con Rosie, tú a lo tuyo que para los columpios eres mayor“)… o si me molesta más la solución que propone: esa idea subyacente de que solo puede ser aceptado en el grupo quien tiene algo material que aportar al mismo. Tampoco me mola nada el hecho de que nadie se plantee en todo el capítulo la posibilidad de que Clementine y Leo perdonen a Caillou por romper SIN QUERER el puñetero cubo.

No sé qué me molesta más. Pero bueno, oye… al fin y al cabo son solo eso: dibujos animados, material audiovisual con valores y enseñanzas subyacentes, pensados para ser vistos, re-vistos y memorizados por nuestr@s hij@s, los niños y niñas que tendrán el mundo en sus manos en un futuro no muy lejano.

Lo dicho: solo dibujos animados 😉

¡Que tengáis un gran día de playa, con cubos o sin ellos!

10 Comentarios

  1. Noemí

    Pues sí, no entiendo cómo la solución fácil (que los niños no sean repelentes y perdonen a su amigo) no es la factible. En fin, dibujitos animados.. ninguno se salva. Uf.

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    • Blan

      Pues espérate, que tengo uno de Peppa con la amistad como protagonista que se caga la perra. O la cerda. Ya verás xD

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  2. Maribel Peña

    Jajajajaja!!!!! Me ponen de los nervios Caillou y a toda su familia, todos los capítulos me sacan de quicio!!!!!! Nunca entenderé la alopecia con 6 años, q en Francia debe ser normal….
    Bs

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    • Blan

      Pues hace tiempo escuché que la alopecia de Caillou era una especie de homenaje a un chavalín con leucemia, pero no sé si es cierto o no… a lo mejor que el pobre sea calvo o vaya rapado al cero responde a otra cosa más habitual y menos traumática. Una plaga de piojos en la guarde… esas cosas 😛

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      • Maribel Peña

        Jo!!! Pues si es un homenaje a un niño con leucemia ya entiendo que esté calvete, si es por eso acepto al Caillou calvo!!!!

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    • Blan

      Jeje, hombre, crueles… un poco agilipollados sí, pero crueles tampoco. Yo en casa no prohíbo… pero eso sí, pongo todo a parir 🙂
      Besos

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  3. Mady

    Yaa ves. No sé que tiene el niño calvo que tanto engancha. A mí me pone nerviosa… Pero bueno, Pepa es pa echarla también de comer a parte… suma y sigue. Y a Dora es que no la soporto, en mi casa está sometida al ostracismo visual más duro… Diooooosss!!! Date la puta vuelta!!!! Los castillos, libros, naranjas y mierdas varias que buscas están detrás de ti!!!!

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