Una mudanza exitosa, vol.2

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EL CANTO DE IKEA

“Solo necesitamos una cama y una mesa de comedor. Y la mesa, mejor la compramos el mes que viene”. Esas fueron mis últimas palabras antes de que Guille y yo agarrásemos fuertemente los remos, nos pusiéramos el chaleco salvavidas y nos lanzáramos en nuestra barquita matrimonial a atravesar el océano de Ikea, seguros de nuestro éxito. Porque, en ese momento, teníamos claro cómo debíamos proceder en nuestra travesía para llegar a puerto, es decir, a la línea de cajas, con un éxito asegurado.

Las normas eran las siguientes:
– Mira al frente.
– Céntrate en la lista de objetivos.
– Si ves algo bonito que no está en la lista de objetivos, no te detengas.
– Si ves algo que no es bonito sino que es precioso, algo que es tan genial que necesitas comprarlo, que te da igual dejar de comer el resto del  mes solo para ver eso, lo que sea, en tu salón/cocina/habitación, tampoco te detengas, no sucumbas.
– Si no puedes evitarlo y sucumbes… no arrastres a tu acompañante contigo.
– Si ves que tu acompañante sucumbe, no detengas la embarcación y si lo haces, no mires: limítate a sacar al otro de su letargo hipnótico y continuad vuestra travesía.
– No mires atrás.

mesa

Y es que da igual qué mentalidad lleves, da igual cuántos días antes hayas comenzado a entrenar para superar ese mar aparentemente calmo, ese océano de Ikea… que en cuanto entres, en cuanto atravieses esa puerta acristalada y el recibidor, con sus servicios y salas de lactancia, con sus stands con lapicitos y minicintas métricas,  y empieces a seguir esas flechas impresas en el suelo, comenzarás a escucharlos… ¿Los oyes? son como cantos de sirena, que reclaman tu atención, cuyo único objetivo es absorber tu alma, tu voluntad y tu sentido común y despertar el impulso consumista-obsesivo que, gracias al mundo y a la época en la que hemos nacido, todos tenemos más o menos desarrollado y más o menos latente, esperando tu momento de flaqueza para impulsarte a coger eso, lo que sea, que necesitas comprar y ver en tu salón/cocina/habitación.

sillita

Tampoco importa lo que adores a tu acompañante, ni que lo hayas elegido para tener descendencia con él, ni que sea el padre de tus hijos o el hombre de tu vida. No importa, porque las sirenas de Ikea sembrarán la discordia: es seguro que él preferirá ese mueble en negro cuando tú solo lo concibes blanco; él preferirá una mesita con ruedas cuanto a ti las ruedas, mezcladas con una niña de 2 años, te dan pavor; él preferirá un banco, tú una silla; él grande, tú pequeño; él bajo, tú alto; él lejos, tú cerca… y así. Y la discordia, junto con las tentaciones, son un cóctel muy arriesgado que pocas veces permite a una pareja bien avenida llegar a puerto todavía bien avenida.

Pero nosotros lo logramos. Hoy, dos días después de la visita a Ikea, seguimos queriéndonos mucho y los brotes de conflicto actuales no son diferentes a los de una pareja normal con gustos, digamos, divergentes en algunas cosas. Esa parte la hemos superado.

estanteriaEn cuanto a la otra, la de resistir los cantos de las sirenas cuando nuestro objetivo era “una cama y una mesa de comedor, y la mesa mejor la compramos el mes que viene”, más o menos funcionó. Ya se sabe: basta que digas eso de “la última y me voy a casa”, para que se convierta en “me voy a casa la última”. Basta que necesites un jersey abrigoso para que, cuando vayas a comprarlo, se crucen en tu camino las faldas y vestidos más preciosos e irresistibles, y termines olvidándote del jersey y llegando a casa con bolsas y bolsas de faldas y vestidos preciosos e irresistibles. En nuestro caso, no nos olvidamos del jersey: llegamos a casa con una cama nueva, preciosa, enorme, blanca, con cajones debajo y una mesilla-cabecero incorporada. Pero (y ahí es donde nos han vencido las sirenas) también con vestidos y faldas: una mesita para la tele, una estantería para la habitación de Pipeke, una cancela para las escaleras y un montón de basurillas de esas que los cantos de sirena, bueno, de Ikea, nos instaron a comprar a lo largo de su temido recorrido… en definitiva, que para eso de hacer el recorrido entero ignorando los cantos de Ikea tenemos que practicar un poco más.

Eso sí, mejor el mes que viene…

14 Comentarios

  1. Noemí

    Ole!!! yo me sigo preguntando, ¿cuántos matrimonios habrá roto Ikea? Entre compras y montajes… calculo un número elevado. Ánimo con esa mudanza, Blan. Sólo por las vistas, ya parece merecer la pena.

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    • Blan

      La merece, la merece… y cuando haya repartido el contenido de este mar de cajas y bolsas, la merecerá todavía más 🙂 Muaaa

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  2. María C.

    Jajajá! M’ancantao!
    Qué bueno, Blan. Yo ya tengo la solución: no vuelvo a Ikea, y cuando necesito algo, se lo encargo a mi tía que lo domina bien.
    Un besazo!

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    • Blan

      Ayyy a mí es que me encantaaaa!! Jajaj, lo reconozco… soy adicta a Ikea y a la Casa del Libro 🙂 Besos y gracias por venir y comentar!

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  3. Maria

    Que peligro tiene Ikea!!! Por suerte para mi tarjeta de crédito en Santander no lo hay, así q aprovecho cuando alguien va para encargarle lo que necesito sin caer en tentaciones. Venga q la mudanza ya esta chupada!! Besos

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  4. Beatriz Brasa Arias

    Jajajaja, cómo me suena todo esto! Lo de las parejas enfurruñadas en Ikea es un clásico! Ya te conté que nosotros hemos puesto a Dios por testigo de que no volveremos a Ikea en muuuucho tiempo… Pero ya empiezo yo a tener mono de comprar plantas de plastiquillo, jejejeje. Y lo rico que está el café allí! Y las galletas de avena! Adoro Ikea! 😉 Besiños guapis, espero que estéis genial en la nueva casita!

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    • Blan

      Las plantas de plástico… me enamoré de las tuyas cuando las vi, que lo sepas. Y yo trasplantando las mías de verdad, seré pringada… jejejej Muaaa

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  5. Miryam

    Son cantos si, de sirenas y de nuestro subconsciente taladrado por el ansia de adquirir… me alegro que más o menos os hayáis mantenido firmes 😉
    Precisamente ando yo dándole vueltas a este tema de las cosas y nosotros…
    Un beso desintoxicado de compras!

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    • Blan

      Jeje bueno, yo la verdad es que paso bastante tanto del ansia de adquirir como de la obsesión por no hacerlo… ando navegando en un glorioso término medio en el que me encuentro la mar de feliz pero sí, en Ikea pierdo un poco el norte… todos tenemos defectos, ojalá ese fuera el mayor de los míos 🙂 Un beso!

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  6. Maribel

    Jajajaja Blan!!! Te ha quedado precioso!!! A ni cuando voy a ikea me inunda un espíritu invencible q me repite en el subconsciente:”esto compramos xq va a hacer d tu casa un HOGAR”!!!! 😉
    Bs

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    • Blan

      jaja, tal cual Maribel! a mí más que comprar es gustar. Me gusta todo, pero me gusta sinceramente, me quedaría a vivir en su exposición desde la primera vez que la vi. Recuerdo que hace años estaba deseando tener un apartamento de soltera de 26 metros cuadrados solo para sacarle el rendimiento que le sacan ellos a sus minimodelos de pisos… jejej en fin, había que verme luego montando el tetrix 😛

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  7. Iria

    Creo que tenemos esa misma cama, enorme, blanca, con cajones debajo y cabecero con estantes 🙂 🙂 Compramos la más grande, 1,60 de ancho, y cuando nos pusimos a montarla (hace cosa de un año) nos dimos cuenta de que apenas nos cabía la cuna, y que de abrir por completo las puertas del armario mejor nos olvidábamos hasta que la niña duermiese en su habitación 😛

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    • Blan

      Holaa! Me alegro de verte por aquí, Iria! Y síii tal cual! es la mismita y de la misma medida! jaja, qué coincidencia. A nosotros nos cabe justita en la habitación, la cama y nada más, y el armario abre de milagro y el balcón también 😀 Eso sí, me rasqué el bolsillo y les pagué a los de Ikea para q me la montaran ellos… cuando los vi en el pasillo con todo lleno de barritas de somier y tablones me pareció el dinero mejor invertido de mi vida! jaja, mi enhorabuena por haber logrado montarla! 🙂

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