De paseo con el cole: Aquarium Finisterrae

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El día 13 de diciembre, Eva fue de excursión con su cole por primera vez… y yo también. Es lo bueno de ser una señora de mi casa, que dedica el tiempo al estudio y a escribir y a limpiar y a aprender a cocinar… lo bueno de eso, decía, es poder gestionar tu tiempo y, en cuanto las profes de la guarde te comunican que han preparado la actividad, decidir que te unes como padre acompañante.

¿Qué actividad?

Pues he de decir que, de las muchas que se pueden hacer con peques en Coruña, fue una de mis favoritas: una visita al Aquarium Finisterrae. Yo había ido de pequeña con mi propio cole unas ochocientas veces, y había vuelto de mayor, más bien de giganta, cuando estaba embarazadísima de 8 meses y a mi chico y a mí no se nos ocurrían más actividades divertidas con las que llenar las tardes en pleno invierno que no implicaran tomarse unas cañas (somos así de tristes, jeje). Aquel día, hace casi dos años, nos dirigimos allí felices de la vida en una de nuestras últimas tardes como novios y no como padres: dos adultos más o menos responsables, sin niños (mejor dicho, con la niña intramuros), y yo con un dolor de ciática que me iba matando suavemente a cada paso que daba, pero como todas aquellas tardes de novios, fue genial… así que estaba deseando ver la cara de Pipeke cuando descubriese que, en el mundo, hay algo más aparte de pás, babaus y muuuush (vacas).

El Aquarium es una de las opciones más socorridas entre los padres y madres de por aquí y la verdad, no decepciona. En este caso, la excursión no estaba programada por una madre desesperada por sacar a su hija diminuta y no-hiperactiva-pero-casi de casa un viernes por la tarde, sino por las profes de la guarde de Pipeke, que por cierto, se han convertido en mis nuevos ídolos. El día P (de “Pez”) empezó 15 minutitos más tarde de lo planeado: me levanté, me duché, vestí a la Pipeke y nos fuimos de casa, directas al Aquarium, donde nos esperaban las profes de Eva con una pandilla de emocionados niños y sus aún más emocionados padres. Sabiendo que la Beca Mami está ahí para ser disfrutada, el día anterior me había permitido resucitar mi Nikon D80 con una tarjeta de memoria nuevecita (que por supuesto, no da error, ¡sssssssííí!), así que cámara en ristre, recorrimos los pasillos del lugar admirando medusas, caballitos de mar, peces espantosos y preciosos a partes iguales, y por supuesto la estrella del acuario: el tiburón (para Pipeke: “bón“), Gastón, que incluso se comió una brocheta de sardinilla que un gallardo buceador le ofreció, para deleite de los peques y no tan peques.

aquariumAunque la cámara hizo lo que pudo, pocas fotos de esa jornada merecen la pena. Entre la prohibición de usar el flash, la oscuridad, y el hecho de que los 10 o 15 compañeritos de Pipeke se movían a la velocidad de la luz, las fotos salen desenfocadas, oscuras y movidas. Pero eso no importa, sobre todo cuando se tiene la suerte de tener otra cámara de fotos, la importante, en la cabeza. En ella quedará la cara que puso Pipeke al descubrir a los peces, unos extraños seres brillantes que no parecen volar ni caminar ni emitir ningún sonido, pero que molan igual. “¡Pesh!”, les llama desde aquel día, palabro que se aproxima bastante a “peixes” (peces, en gallego) la que yo le repetí toda la mañana hasta la saciedad.

Salí del Aquarium exhausta (¿qué desayunarán los profes de escuela infantil? ¡Yo quiero!) pero feliz como una lombriz. Recomiendo a cualquier familia con peques, o incluso sin ellos, que se pasen a verlo cuando tengan una tarde libre. También pido desde mi humilde blog a los responsables del Aquarium que habiliten, pero ya, una sala en la que los peques que van con el cole puedan comer sus galletitas de media mañana sin salir al aire libre (está prohibido comer en todo el recinto, excepto en su propia cafetería, claro), lo cual en pleno diciembre toca un poco las narices. Fue lo único negativo de toda la visita, actividad estelar que estoy ya pensando repetir por 803ª vez, pero con Pipeke y Guille, los tres.

Pronto, seguro, que aún quedan muchas tardes de invierno por delante…

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