La lesson 1: learning Pipekés

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Es increíble… parece que fue ayer cuando la neni nos perforaba los oídos con aquel sonido gutural más propio de las profundidades marinas que de un bebé humano, y no… en realidad, han pasado meses. Muchos. Bueno, muchos no, pero los suficientes como para que se haya creado en torno a ella, como a todos los peques, un idioma que casi practicamos más los padres y abuelos que ella misma. Porque, y en esto entonamos el mea culpa, como dicen los cursis, somos nosotros y no ella los que adoptamos como propias cada una de las palabras que salen de su boca. Los que las estudiamos, nombramos, repetimos y machacamos hasta la saciedad. Los que, poco a poco, las vamos convirtiendo en parte del patrimonio cultural inmaterial de nuestra familia.

¡Anetá tutusssh!” Dice ella, mirando un montón de coches que esperan más o menos pacientemente a que el semáforo se ponga en verde. “Sí, Peque, sí, ahí están los tutús, mira, uno verde, otro rojo, otro que pita…” porque hemos sacado la conclusión, y fomentado la idea, de que “tutúsh” son coches. “Cocósh” son motos. “Babaush” son perros.

Y nadie sabe por qué, además, los plurales acaban a lo Rajoy, en “shhh“.

En este vídeo podemos ver un ejemplo de monólogo sin sentido de Eva, en esta ocasión mezclado con una frase coherente. La frase que dice, mientras señala el culo del pobre Peko, es “tene cacá” (cómo no). En conjunto, la oración completa dice: “Kitá, tene cacá, bueá, tene cacá, quetoráa, papácacatá tayiii, tutbaaa, babairá caicáta“.

Teniendo en cuenta el seno de la familia en el que nació Eva, no confío mucho en que se arranque a hablar como un académico de la lengua… al menos no en los próximos años. Y es que la pobre, con estos padres, no tiene de dónde tomar ejemplo… Por ilustrar un poco a qué me refiero, contaré lo de aquel día que fue mi chico a la compra y le envié un WhatsApp: “trae bayetas“, pensando en ponernos a fregar los baños a fondo nada más llegara él… Al rato, apareció en casa con un paquete de Marbú Dorada. Y es que en mi familia, y a mucha honra, polones son pantalones, titines son calcetines, caloco es chocolate, bayetas son galletas y jubete es juguete… pero ya desde mucho antes de que Eva (Pipeke) naciera.

Y por eso disfrutamos tanto ahora, que una pequeñez de un año y pico viene a surtirnos de nuevo vocabulario: babaus, pás, cacá, cocó, tutú… son tantas las palabras nuevas que en breve tendremos que empezar a tomar apuntes cada vez que se arranque con un monólogo.

Y ahora mismo empieza uno… ¡voy a por un boli!

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