Sigo, puedo y quiero

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SSLM. Mucho se ha debatido en esta web y fuera de ella sobre si seguir siendo la misma es posible o no después de tener un bebé, y en muchos casos se llega a la misma conclusión: qué va, ni de palo, ser la misma… ¿pa’dónde vas? imposible. Hay quien, incluso, ha reaccionado a la defensiva, pensando y/o diciendo cosas como:

– ¿Cómo coñ* voy a seguir siendo la misma con un enanejo enganchado a la teta, los puntos palpitantes y las hormonas corriendo la San Silvestre por mi maltrecho cuerpecillo adelante?

flor

– ¿Cómo puedo seguir siendo la misma si tengo que levantarme cada noche dos, tres, cuatro veces, ¿cinco? porque toca teta, bibe, cambio de postura o paseíto por el pasillo, ea ea ea, ea ea ea, viendo cómo mis hasta ahora ocho sagradas horas de sueño se convierten en tres, o cuatro, o una, o ninguna?

– ¿Cómo voy a seguir siendo la misma si desde que parí existe una personita que no solo depende de mí para todo, sino que además me adora y (esto es lo más fuerte) siempre lo hará, por encima de todos mis defectos, esos defectos que a lo largo de mi vida me han llevado a perder amores, amistades, oportunidades… pero que a esa personita le dan exactamente igual?

Y esa gente termina su alegato con un tajante:“¡Ni sigo siendo la misma, ni puedo, ni quiero!”.

Craso error.

Y es que, aunque la frase engañe a primera vista y podamos caer en eso de “¡ni sigo, ni puedo, ni quiero!”, lo cierto es que es diferente decir que “Sigues Siendo la Misma” que eras antes de ser madre, a decir que “sigues haciendo lo mismo” que hacías antes, o que “sigues sintiendo lo mismo” que sentías antes, o que “sigues pensando lo mismo” que pensabas antes… porque una vez que has parido la lista de obligaciones diarias se multiplica por diez, la lista de prioridades explota por los aires y el planning cambia, sí o sí y da igual cómo una se ponga. Esto nadie lo niega, nadie lo duda siquiera. Pero seguir siendo la misma, seguir siendo quien eras y estando orgullosa del antes, del después y del durante, en mi opinión, no solo es posible, sino que además es total y absolutamente necesario. Y creo que no hay mejor lugar que este, mi blog, ni mejor momento que este,mis 15 minutos de gloria del día, para reivindicar eso, lo que me han pedido las jefas, la razón por la que estoy aquí soltando este discurso… un discurso que, esta semana, no puede faltar. El de que sigo siendo la misma.

Así que ahí va:

blancadzSigo siendo la misma que iba al cole todos los días con una mochila roja de Minnie Mouse; sigo siendo la que aprendía a nadar agarrada a las manos de su abuelo y de su padre en las playas de San Miguel; sigo siendo la que se bebía 5 o 6 chupitos de tequila en la barra del bar de siempre entre amigas, carcajadas, pizcas de sal y trozos de limón; sigo siendo la misma que se fue a estudiar a Salamanca porque quería alejarse de todo y de todos, padres, amigos, familia, e ir a su bola; soy la misma que, a los pocos meses y después de que su entonces novio le pusiera unos cuernos legendarios, se dio cuenta de que vivir lejos de padres, amigos y familia no mola nada cuando estás hecha una auténtica mierda; soy la misma que disfrutó Salamanca y que ahora la echa de menos; la misma que volvió a Galicia 5 años después, con la ilusión de dedicarse al periodismo local; soy la misma que cambió de opinión y decidió dedicarse no al periodismo, sino a la comunicación; la misma que, en uno de sus primeros trabajos, tuvo una jefa loca de atar que le enseñó más bien poco de comunicación, pero bastante sobre lo que debe una aguantar en su puesto de trabajo y lo que no; la misma que trabajó en Lugo y disfrutó como una enana de ese lugar, la ciudad más aldea del mundo; la misma que confundió amor con costumbre; la misma que conoció a Guille, y la misma que decidió, 5 meses después, que él sería el padre de su primer hijo.

Soy la misma que parió con cesárea, la misma que estudia, trabaja y mantiene la casa habitable; la misma que busca y encuentra tiempo para aquellas amigas, las que bebían tequila con ella, que por cierto, también siguen siendo las mismas; soy la misma que quiere ganarse la vida escribiendo; la misma que adora conducir; la misma que odia noviembre; la misma que empieza a tener la grandísima satisfacción de escuchar a su peque llamarle “mamá“ por primera vez.

Y estoy la mar de orgullosa. No solo de mi peque, porque ya sabe decir “mamá“, sino también de esa “mamá“, es decir, de mí, porque sigo siendo la misma. Porque puedo… Y sobre todo, porque quiero.

Y, si me lo permitís, me voy a celebrarlo con un par de chupitos. Eso sí, mejor de alguna cerveza sin alcohol (una San Miguel 0,0, por poner un ejemplo así a bote pronto), porque yo sigo siendo la misma, pero mi estómago ya hace años que no está para beber tequila…

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