La misma que cambia

0

SSLM. Después de pasar uno de esos findes en casa de mis padres durante los cuales engordo un par de kilos, duermo varias siestas y disfruto de ese entorno que tanto me gusta, el domingo pasado por la tarde Eva y yo nos metimos en el coche con varias bolsas de tuppers, maletas y una montaña de apuntes, dispuestas a emprender el viajecillo de vuelta a Coruña, donde papi había pasado el finde entero tirado a la bartola trabajando y haciendo sus cosas. Cuando íbamos a arrancar, después de los besitos de rigor, mi madre me hizo la pregunta de costumbre: “¿cuándo volvéis?“. Yo respondí: “pues el que viene no creo, a lo mejor en el puente, o el siguiente… no, en el puente, seguramente“.  A lo que mi madre comentó: “bueno, aún cambiarás de plan cuatro o cinco veces… ya te vuelvo a preguntar dentro de unos días“.

Y mi madre, la pobre, tiene más razón que una santa. Mal que me pese reconocerlo, mi agenda tiene más tachones que un manuscrito de Lope de Vega, y cada plan que hago cambia, como mínimo, un par de veces antes de llevarlo a cabo o descartarlo definitivamente. ¿Con esto qué quiero decir? pues que si ayer quise dejar claro que sigo siendo la misma, hoy vengo a dejar claro que no. Bueno, la misma sí, pero hay algunas cosas que han cambiado tan radicalmente dentro de mi cabeza desde que soy madre que no parece que hayan sido dichas por la misma persona…

Como se acerca el final de esta semana de repesca, y todavía estoy terminando de preparar mi post multimedia final, no me enrollo más y os dejo directamente con algunos ejemplos:

camapekeLa niña, a los 6 meses, se va a dormir sola. Y si llora, que llore, afirmaba yo con ese look de balón de Nivea propio de los 7 u 8 meses de embarazo. Hoy, la sola idea de aplicar a mi Pipeke el “si llora, que llore”  a la hora de dormir me hace estremecerme, y a esa exclamación escandalizada que profieren las marujonas entrometidas, esa de “¿¿¿la dormís en brazos??? ¡¡¡se os va a acostumbrar!!!”, suelo responder: “¡Ojalá!”, porque no hay en el día ningún momento que se compare, ni de lejos, a esos 20 minutos que tarda la neni en dormirse abrazada a su mamá, a su papá, o a ambos a la vez.

 “Si de algo estoy segura afirmaba tajante el balón de Nivea, o sea yo, cuando me faltaban un par de semanas para dar a luz – es de que la pondremos en su propia habitación a los 6 meses“Fue a los 16. Y no fue porque sus progenitores quisiéramos… de hecho, nos encantaba que Pipeke durmiera entre los dos (foto destacada), alternando caricias con arañazos y besitos con tirones de pelo, sino porque cada tos del padre, cada viajecito mío al baño, cada roce de sábana la despertaba e incomodaba, provocándole un estado de ansiedad a ella, y por lo tanto a mí, que hacía que amaneciéramos cada día con un humor digno del peor malo de Disney Channel. Desde que duerme en su habitación sus desvelos se han reducido drásticamente (que no los míos, ya que me levanto cada poco rato a comprobar que todo está bien o lo que es lo mismo, que sigue despanzurrada roncando suavemente y feliz de tener espacio y oxígeno para ella sola).

 “Le daré teta solo 3 o 4 meses, decía, embarazada. Le daré hasta que se destete sola, decía, dos semanas después de parir. Ni una cosa ni la otra: le di 9 meses, y la desteté porque si no, la que quedaba sin tetas era yo. Y oiga, feliz que sigo con esta decisión, aunque algunas probibe me digan que no saben cómo aguanté tanto existiendo leche de fórmula, y algunas proteta me traten como una terrorista ignorante por destetarla antes de tiempo. Ande yo caliente…

– “En cuanto tengamos un finde para irnos en pareja, cogeremos el pindingui y nos iremos a un hotel spa de esos de Navarra con bodega al lado y cata de vinos incluida”. Sí, sí… poco sospechaba yo, cuando estaba embarazada, que me iba a dar tanta cosilla alejarme más de 20 kilómetros de la neni durante más de un día, por muy bien cuidada que quede con sus abuelos… Tampoco sospechaba que el Rioja iba a pasar de encantarme a darme arcadas en tan solo unos meses, y es que aún hoy es el día que no soy capaz ni de olerlo… Eso sí, el blanco me gusta mucho más que antes, y las bodegas de Albariño están aquí cerquita :)

– “Cuando pueda empezar a trabajar después de parir, aceptaré cualquier curro de lo mío con tal de seguir en activo en el mundo laboral”. ¡Já! Si algo te quita el ser madre, es el aguante y las ganas de que te vacilen y te tomen por imbécil… y si algo te aclara son tus prioridades. A mí, ahora, para desarrollar un trabajo fuera de casa, dejando a mi peque en la guarde y renunciando al tiempo con ella, o me compensa tanto económica como emocionalmente, o fuera. Es curioso que muchos de los empresarios de este país sigan prefiriendo tener un puñado de esclavos y explotarlos antes que contratar trabajadores felices y eficaces… vaya usted a saber por qué. El caso es que desde que tomé esta decisión, he dejado dos trabajos y he decidido poner una empresa propia.

En fin, chicas, podría extenderme hasta el infinito contandoos esas cosas que ya no son las mismas, pero prefiero preguntaros por las vuestras… que esta es la semana de autopromo de finalistas, pero esto es, al fin y al cabo, una comunidad :) así que ¿en qué habéis cambiado de opinión, y además estáis súper orgullosas de haberlo hecho?

¡Contadme! Que si en algo no he cambiado es en lo cotilla que puedo llegar a ser ;)

¡Gracias por comentar!