Los conceptos clave

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SSLM. No es la primera vez que lo digo: de entendida en moda no tengo ni un pelo. Sé que a fuerza de insistir en este asunto me estoy ganando a pulso esa imagen que tendréis de mí a estas alturas: la de una choni con moño despeluchado, pantalón de chándal con lamparones, jersey de lana de cuello alto con un par de agujeritos bien visibles y, quizá, mis Hunter o imperbotas rojas como guinda del pastel. Y oigan, tampoco es eso, pero lo cierto es que me cuesta, y mucho, entrar por el aro de las modas y soy la típica que con mis converse de hace mil años, mis vaqueros negros y mi cárdigan abrigosito que además me tapa las caderas voy al fin del mundo y que no me apeen de ahí; soy de las que tiene un vestido favorito para salir, que es el que siempre se pone, porque es un vestido excelente, y siempre lo será.

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Pero, estos días, tomé la firme decisión de cambiar. Sí, señoras. Decidí que me pondría a estudiar los Conceptos Clave del Universo de la Moda. Decidí que, de una vez por todas, sería capaz de ir de compras sola y dejaría de llamar a mi hermana por teléfono cada vez que entrase en H&M y me asaltaran las dudas de si este estampado o el otro, de si esto me queda bien, de si parezco una pailana con este otro vestido. Decidí que, en el futuro, sería yo misma, y no mi hermana, ni mi madre, ni mis amigas, la que supiera responder sin titubeos a la pregunta “¿con qué se puede combinar una americana azul?”, o la que podría afirmar con firmeza y seguridad cosas del tipo de ”es definitivo: este invierno, vuelven las hombreras”.

Mi decisión, entre otras cosas, incluía dejar de llamar soso a lo que en moda se conoce como un básico, el primer Concepto Clave: esos jerséis, camisetas o chaquetas impolutas, lisas, que no tienen más gracia que la de ser sosas combinables con todo. Y tomé, además, la resolución de llamar por su verdadero nombre a los que para mí eran, hasta ahora, los básicos en mi armario, los que no podían faltar: esas sudaderas grandes y suaves, esos vaqueros rotos y descoloridos, esas camisetas de publicidad de bebidas alcohólicas que gané en quién sabe qué sorteo en mi primer año de universidad o ese abrigo negro gastadísimo que me ha acompañado durante todos los inviernos y (aquí en Galicia ya se sabe) también parte de los veranos desde el año 2006. No, Blan, esos no son básicos: esos son trapos viejos,y están totalmente out. A partir de ahora, ¡vade retro!

Yo (ojos cerrados incluidos) con uno de mis mal llamados básicos, ahora trapo viejo: mi inseparable abrigo negro, cuya envergadura acaparó incluso la inmensidad de mi embarazo.

Yo (ojos cerrados incluidos) con uno de mis mal llamados básicos, ahora trapo viejo: mi inseparable abrigo negro, cuya envergadura acaparó incluso la inmensidad de mi embarazo.

Una vez estudiado el Concepto Clave de básico, también decidí que aprendería lo que es un fondo de armario. No es la primera vez que manifiesto por escrito mi confusión sobre este concepto, que viene a significar más o menos “el conjunto que integran los básicos que todas tenemos en nuestro guardarropa y sin los cuales no podríamos siquiera pensar en salir a la calle dignamente”. Apunté esa definición para estudiarla, y poder así descartar la idea que me ha acompañado siempre acerca de lo que es un fondo de armario. Mi decisión pasaba por pensar en ese concepto con la abstracción que requiere y no imaginarme, ante su sola mención, el fondo físico de mi propio armario: alfombrado de zapatillas usadas, cordones de zapatos, calcetines sin pareja, cajas con los libros del bachillerato y un par de vestidos olvidados, de ésos que me compré en las pasadas rebajas pensando “¡son perfectos! en cuanto adelgace lo que tengo que adelgazar, y de hecho, y sin excusas, adelgazaré este mes, a dios pongo por testigo, me servirán”.

Os juro, chicas, que había tomado esa firme decisión.

Pero luego releí mis posts más recientes.

Y me dije a mí misma: c*ño, Blan, con lo a gusto que estás ahora, después de despedirte del último mierdicurro; ahora que puedes disfrutar de Pipeke al menos dos o tres tardes por semana; ahora que puedes terminar dentro de plazo (o casi) tus tareas de Civil y del módulo de Social Media; ahora que puedes pensar en salir de fiesta el sábado hasta las mil porque en no sé dónde pincha no sé quién; ahora que vuelves a tener, al menos, tus 15 minutos de gloria diarios para leer ese libro tan genial, para escribir tus post con calma o para comerte un trozo de chocolate con almendras asomada a la ventana…

Me dije eso, y me pregunté: ahora, ¿vas a usar ese tiempito tan rico para ponerte a estudiar los Conceptos Clave del Universo de la Moda?

Acaba de despertarse Eva de la siesta, así que os dejo, que aún tengo que ponerme el moño y cambiar las zapatillas por las converse para ir a jugar al parque. ¡Ah! y llamar a mi hermana, a ver cuándo tiene una tarde libre para venir a personal-shoppearme.

Otro día os cuento lo que me respondí a mí misma…

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