El ascensor es nuestro

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Mi novio siempre me riñe cuando me enfado, y aunque esto suele enfadarme todavía más, en el fondo el pobre lo hace para que no me pase la vida echando sapos y culebras por la boca. Como aprecio mucho sus esfuerzos por convertirme en un ser humano más simpático, últimamente soy más capaz de tragarme mis protestas… solo hay dos cosas que me siguen haciendo asomar el Hulk que llevo dentro: una es mi vecino, que saca el taladro los fines de semana a la hora exacta en la que vamos a dormir la siesta. La otra es coger el ascensor en un centro comercial, cualquiera, en una de esas horas punta en las que te preguntas “¿por qué exactamente me encuentro yo ahora mismo en un centro comercial?“.

Motivaciones aparte, cuando me meto en una de estas mecas del consumismo con el carrito, no hay vez que Pipeke y yo no perdamos horas y horas esperando el ascensor. “Todo el mundo tiene derecho a coger el ascensor, Blan”, me dice mi novio al ver mi cara de cabreo y empezando a temer que escupa a los pasajeros.

Y yo le contesto: “no, no todo el mundo”.

Este cartel es claro y meridiano, como dice Mariloli de Cospedal:

ascensores

Cuando un local está hasta los topes de gente, lo lógico es dejar los ascensores a las personas que no pueden subir por las escaleras, ni por las escaleras mecánicas. Este cartel lo han puesto en un centro comercial de A Coruña para echar una mano a aquellos que, por sí solos, no son capaces de llegar esta lógica conclusión.

Aun así, cientos de miles de personas que ni están embarazadas, ni llevan un carrito, ni van en silla de ruedas ni son mayores, ni tienen ningún tipo de problema de movilidad, ocupan los ascensores ignorando por completo a las personas que sí están embarazadas, que son padres y llevan carritos, en que van sillas de ruedas o que son mayores y tienen problemas de movilidad, personas que montamos un campamento cada vez más numeroso a las puertas de los mismos, esperando a que alguno se abra y nos muestre un mínimo espacio para subir en lugar de una pandilla de quinceañeros apretujados que son suficientemente osados para hacer botellón en febrero en un parque a la intemperie, pero no para dejar libres los ascensores y subir por unas escaleras que, además, son mecánicas.

Vaya calentón, por unos ascensores… me está bien empleado. No vuelvo a pisar un centro comercial.

6 Comentarios

  1. sandrasalas

    Yo antes casi no iba a centros comerciales pero desde que soy mamá voy mas, son una alternativa para cuando llueve. Eso si los ascensores con el carro es desesperante, yo voy con el fular 🙂
    Por cierto que bonito te ha quedado el blog!

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    • Blan

      Holaaa gracias 🙂 Yo tengo una mochila Boba Air pero la usaba más antes, ahora me pesa la peque y ella se agobia… pero sí, la verdad es que alguna vez vi a madres y padres con fulares subiendo por las escaleras mecánicas mientras yo esperaba el ascensor con el campamento montado y me daban una envidia… 😛 Un beso!

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  2. Iria

    ¡Hooola! Muchas gracias por echarme de menos en este mundillo, que ilusión que alguien se acuerde de mi 🙂 Te quedó muy bonito el blog. Totalmente identificada con el tema de los ascensores, nunca me había dado cuenta de ello (pq no los usaba) hasta ahora que voy con el carrito…

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    • Blan

      Jeje, yo me acuerdo de jurar y perjurar que jamás me metería en un centro comercial con la niña… de aquella que estaba embarazada… pero luego te encuentras con que llueve, hace un frío de morirse, en casa se aburre y no hay a dónde ir, y acabas en un centro comercial. La coña es que es lo mismo que piensan todos los padres de la ciudad y al final en vez de dar un paseo por Imaginarium y comernos un gofre, terminamos pasando la tarde esperando el ascensor…
      Deberían apalear a los que lo cogen sin necesitarlo. Así de claro 😛

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  3. Carla

    Pero cómo te entiendo!!!! En ese mismo ascensor me vi yo el sábado, con ese mismo cartel, mi carrito y mi barriga de embarazada (dobre prioridad, digo yo!), mientras del orden de doce personas (ninguna de ellas impedida, ni gorda como yo, sino de las que andan y pueden usar la escalera mecánica) se me colaban sin piedad. Cómo no nos vamos a cabrear??!! A mí, me supera…

    Por cierto, te conocí gracias al artículo de la Voz de Galicia sobre los cambiadores. Otro tema en el que tienes más razón que una santa (ahora ya me apunto que lo hay en el Canela, te lo agradezco mil!). Así que me he apuntado para que me avise esto de lo que escribas, que seguro que me siento identificada!

    Un besiño!

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    • Blan

      Hola Carla, qué guay, el artículo nos ha hecho famosas! jajaj, pues sí que has tenido que pasar una tarde cojonuda en Marineda el sábado… madre mía. Yo de la mala leche que acumulo me da hasta acidez… Algún día le dispararé a alguien 😛
      Lo de los cambiadores tiene delito. En el Canela está ahí incrustado en plan “va a caber por mis huev…” y la verdad, está genial ver que en los locales se preocupan de eso. Aparte, el sitio es suuuuper bonito!
      Nos leemos por aquí, un beso grande y gracias por comentarme! Que tras el artículo de la Voz he tenido cientos de visitas pero casi ningún comentario… me siento observada… ;P

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