Los juguetables

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SSLM. ¿Qué sería de mamá sin ellos…?

Todas las madres del mundo desarrollamos nada más parir varios sextos sentidos que nos acompañarán, seguramente, por el resto de nuestros días. Uno de ellos es el turbomami, del que ya os hablé en otro post (aquí): este sexto sentido empieza a manifestarse incluso unos días antes del parto con el conocido síndrome del nido. Fue mi caso: parí un lunes, y el viernes y sábado anteriores me los pasé armada con una bayeta y una fregona limpiando a fondo una casa de tres pisos, a la vez que estudiaba unos apuntes de la primera fase de una oposición a la que me iba a presentar unos meses después. Desde entonces, soy capaz de hacer mil cosas a la vez con mis veinte brazos y mis dos cabezas pensantes.

Otro de los sextos sentidos que desarrollamos las mamás es el radar de peligros, una tecnología puntera que también desarrollan los bebés a medida que van aprendiendo a caminar y a correr. Las mamás usamos el radar para evitar las situaciones u objetos peligrosérrimos: cuando entramos en una habitación, los detectamos para así poder esconderlos o hacerlos desaparecer (un botellero a ras de suelo, una esquina de una mesa, un enchufe, una hoguera o un perro rabioso son ejemplos más o menos frecuentes). En cambio, los bebés utilizan su radar para localizar ese mismo objeto peligrosérrimo yabalanzarse hacia él a la velocidad del rayo.

Unas tapas de botes: de los objetos más juguetables que existen.

Unas tapas de botes: de los objetos más juguetables que existen.

Pero con diferencia, el sexto sentido más divertido que todas las madres y los padres desarrollamos cuando tenemos hijos es el de la identificación de juguetables. Los juguetables son esos objetos que antes eran anodinos, corrientuchos, sosos y desaboríos, pero que nuestros hijos han decidido convertir en juguetes… qué digo juguetes: Señores Juguetes. Sabéis a qué cosillas me refiero: un brick de leche, una goma del pelo, un trozo de madera, los flecos de un fular, un neceser con la cremallera rota… casi cualquier objeto que antes creíamos digno de tirar a la basura es ahora, a los ojos de nuestros hijos, un tesoro merecedor de aparecer en la mismísima portada del catálogo de Reyes del Corte Inglés.

Y al principio esto nos sorprendía. Al principio, mi novio me decía: “¡mira qué gracia le hace a Pipeke la tapa del potito, dásela, dásela!”; hoy, en casa no se tira una triste tapa de potito sin que pase por el filtro juguetable de Eva. Y vamos aprendiendo, porque hoy en día, cuando llegamos a un sitio nuevo, somos los papás los que miramos a nuestro alrededor para identificar los objetos susceptibles de juguetabilización que pueden ayudarnos a calmar una rabieta o a distraer el aburrimiento infantil, que como sabéis puede convertirse en la peor de las pesadillas.

La identificación de juguetables nivel master del universo se alcanza cuando te sorprendes forzando un proceso de juguetabilización con éxito, esto es, viendo y aprovechando el potencial de un cacharrillo antes incluso de que lo detecte tu hij@: “mira, Eva, mira… ¡es un tupper! se abre, se cierra. Se abre, se cierra… ¡cómo mola! ¿eh? ¡Venga, ahora tú!”. Y hala, ahí los tienes: los cinco o diez minutos de margen que necesitas para terminar de freír las croquetas, de meter las imágenes en el post o de enviar por email el ejercicio de Civil II.

Unos tuppers: juguetables a un nivel considerable.

Unos tuppers: juguetables a un nivel considerable.

No quiero alargar demasiado este post así que os dejo el resto a vosotras: ¿qué más sextos sentidos tenéis ahora que sois madres? y sobre todo, ¿qué objetos juguetables habéis identificado que puedan resultar interesantes para las demás? ;) Ahora os dejo, que estoy divisando desde mi posición una botella de agua de plástico súper juguetable que puede convertirse para Eva en el descubrimiento del día… en cuanto le haya quitado ese peligrosérrimo tapón.

Imagen destacada: la naranja, cuando está verde y a falta de una pelota de verdad, es uno de los objetos más juguetables de una casa.

 

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