“Debo estudiar más…”

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SSLM. Hoy me gustaría que recordaseis otra sensación que seguramente también hayáis experimentado. Es esa que tenía yo cuando, de niña, pasaba el recreo castigada por no llevar hechos los deberes y escuchaba a mis amigos jugando en el patio mientras a mí me devoraban las paredes de la biblioteca del cole… ¿la conocéis? Aún puedo oír sus canciones, sus risas, sus exclamaciones de sorpresa jugando al escondite, los balones rebotando en las paredes del edificio mientras yo escribía una y otra vez la frase que Doña Oliva me había mandado copiar: “Debo estudiar más y hacer siempre los deberes. Debo estudiar más y hacer siempre los deberes. Debo estudiar más y hacer siempre los deberes“.

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Pues esa misma sensación la he vuelto a experimentar estos días, cuando veía que publicabais posts nuevos y que no me iba a dar tiempo a leerlos, ni tampoco a escribir yo… y es que entre la Moco Week, la alergia de mi novio (y su tos constante tooooda la noche) y mis nervios porque empieza el curso, debí de dormir un máximo de 2 o 3 horas en los últimos 4 o 5 días. Eso, sumado al principio de semestre del posgrado y del grado, hacen que mi cerebro esté al borde de un precipicio bebiendo whisky a morro y pisando a fondo el acelerador, dispuesto a saltar.

Por eso estos días estoy desconectada de todo y de todos. Y tiene gracia, porque si me concentro, aún puedo escuchar los ecos de mi propia voz en mi salón, diciendo hace no más de tres meses (después de aquel examen de civil que iba a suspender y al final aprobé) eso de “a dios pongo por testigo: jamás volveré a matricularme en nada y, si lo hago, jamás volverá a pillarme el toro“. Y aquí estoy, en septiembre, con dos asignaturas de Derecho a la chepa y un posgrado de Marketing Online cuya materia me parece cada día más críptica e indescifrable. ¡Ah! Y con dos ejercicios que eran para ayer casi listos para ser entregados mañana.

Por esta coyuntura, que espero que sea temporal, os pido perdón por no publicar un post útil, divertido, profundo o revelador y limitarme a esta parrafada que no tiene más finalidad que desahogarme momentáneamente. Luego, volveré a sumergirme en redes de display, leyes de enjuiciamiento civil, CTR y pólizas de afianzamiento, mientras mi cerebro me insta a beber whisky con él y dejarme llevar al precipicio, que a veces parece tan acogedor, tan cálido…

¡Pero no! Yo soy fuerte: tengo veinte brazos y dos cerebros, como toda mujer desde el momento que se convierte en madre, más que suficientes para afrontar la pavorosa temporada otoño-invierno que se avecina entre mocos, apuntes, lavadoras y empleos de fin de semana. Mi cerebro y yo somos capaces: diremos que no al whisky y al precipicio.Diremos que sí a la 0,0, el Pharmaton Complex y los madrugones. Seguiremos apostando por la formación en el país equivocado y en el momento equivocado…

Porque Doña Oliva tenía razón: “Debo estudiar más“.

Eso sí, los deberes… mejor los dejo para mañana.

¡Gracias por comentar!