L’Eau de Vacas

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SSLM. Mmm… ¡cómo huele a vacas! y no, no me refiero al olor a vacaciones, a playa, a sol, a cañita y tapa de bravas en una terraza con vistas al puerto… que qué más quisiera, pero no. Me refiero al olor a vacas de las de verdad, con ubres, cuernos y esa mirada que cuando te atraviesa da respetillo. Y es que ya estamos de vuelta en mi casita de la aldea, aplastando carcomas, escuchando a los murciélagos en su rave del entretecho y defendiendo la casa de los arañones de 20 kilos… todo lo bueno se acaba y hoy es nuestro último día de vacaciones.

pisci2-550x252Nos hemos pegado unos días de lujo. Nuestra hoja de ruta incluía 2 días en Gijón, 3 días Madrid y 1 en Salamanca. Gijón está al ladito de casa, pero allí teníamos la boda de una de mis amigas de la carrera y aprovechamos la Smartbox City Weekend que nos regaló SSLM a las finalistas para pegarnos el finde del año (¡gracias, gracias, gracias, gracias…!). Por eso, mi plan era el siguiente:

Viernes, 12h: Salir de casa YA para así llegar prontito a Gijón.
Viernes, 14h: Tirarme en la terraza del hotel, que tiene piscina y bar.
Viernes de 14:10 a 19h: No hacer nada en absoluto.

Ya sabéis, el sueño de cualquier madre.

Como es lógico, del plan inicial a la realidad hubo un trecho considerable. Suele haberlo, sobre todo desde el momento en el que pares; por eso el viernes pasado me pasé la mañana que debí haber dedicado a hacer la maleta a esperar pacientemente dos horas en una sala de espera, con la peque. Nada grave, una vacunita… pero la espera se alargó lo suficiente como para descuadrarnos todo el planning que habíamos hecho y para desquiciar a la neni, la pobre, que ya no sabía a qué jugar ni con qué entretenerse en aquella habitación. También permanecimos allí el tiempo suficiente como para encontrarme especímenes de casi todas las especies maternales que existen:

– La (no)iMadre: “me da igual lo que haga mi hijo, como si se abre la cabeza, estoy demasiado ocupada tecleando en la pantallita de mi iPhone”.

– La madregáfono: “¡¡¡ FULANITO, PARA!!! ¡¡¡QUIETO!!! ¡¡¡TE VAS A GANAR UN CACHETE!!!”.

– La Madreley: “ah, ¿pero la coges en brazos para dormirla? Eso no puedes hacerlo, que se va a acostumbrar. ¿Y le vas a dar ahora un trozo de pan? No deberías, luego no te va a comer nada”.

– Y cómo no, la Tocapelotas: Esta es la que, cuando llevo veinte minutos de nanas y ea-ea y Eva por fin se ha dormido, aparece y deja que su niño le pellizque un moflete a mi hija:“Eso, Pepito, acaríciala. Ay, ¡qué cosa más rica! Ah, que estaba dormida. Bueno, la vuelves a dormir y listo”.

Padres, curiosamente, no había ninguno… pero ellos merecen una clasificación que probablemente haré en otro post.

El caso es que, cuando logré llegar a casa y dejar al padre de la criatura dándole de comer, me enfrenté por fin a la ardua tarea de hacer la maleta. Mi maleta. Y de repente, me sorprendí a mí misma cogiendo dos pares de zapatitos del número 20 y metiéndolos en la mochila… tuve que concentrarme y pensar: “tú, Blan, eres tú la que se va. Pipeke* se queda con los abuelos”. Media hora después arrancábamos en coche, por fin, en plan matrimonio de forretis: los trajecillos de la boda colgados en el asiento de atrás, un par de maletas en el maletero, gafas de sol y la mujer del Google Maps dándonos risueñas órdenes.

Y llegamos a Gijón, y mis 30 minutos de gloria en la piscina terracera del hotel el viernes por la tarde no me los quitó nadie (y de ahí la foto destacada): nada más llegar, cogimos las toallas y el bañador y fuimos a darnos un baño juntos. Fue uno de esos momentos de relax total, risa floja y miraditas que me hacen volver a creer que sí… que a pesar de las discusiones diarias entre lavadoras, pañales o bolsas de la compra, sí: elegí a la persona adecuada 😛

Esa noche nos fuimos de sidras con mis amigas de la carrera, a las que no veía desde hacía 5 añazos. Están iguales.

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Y dormimos del tirón.

Y desayunamos…

Que sepáis que ese desayuno de buffet no hay beca mami que lo pague, jeje, no lo olvidaré en la vida. Y tampoco esos 15 minutos de gloria, mientras mi chico se duchaba, leyendo en mi cama un libro con la brisa entrando por la ventana, justo antes de irnos a una de las bodas más geniales a las que he ido…

Pero esto os lo contaré en otro post, que estoy viendo una araña al otro lado de la habitación y me dispongo a defender mi hogar a zapatillazo limpio. Al fin y al cabo, y a pesar del olor a vaca… como en casa en ningún sitio ;)

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