Maniobras Proconvivencia y una de calabacines (ya que estoy)

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SSLM. En nuestro día a día nos topamos muy a menudo con verdades innegables, totales y absolutas, que se manifiestan una y otra vez delante de nuestras narices… pero que obviamos para hacer la convivencia más fácil y llevadera. Un ejemplo es el típico matrimonio vecino que discute a voces/hace sus cositas noche sí, noche también, en el piso de al lado. Los escuchamos, cómo no. Y ellos saben que los escuchamos… pero cuando nos cruzamos en el ascensor la mañana después de un numerito, aunque nos hayamos pasado la noche en vela por su culpa y todos, ellos y nosotros, sepamos que la frase-Opción A que tenemos en la cabeza es: “menudo número montasteis ayer, locos, locos, que sois unos locos de atar. Id a vivir al monte”, lo cierto es que nunca pasamos de la Opción B: “buenos días… parece que al final queda buena tarde”.

Algunos lo tachan de hipocresía, o falsedad. Otros de “no hay huevos a decirles que discutan/hagan sus cositas más bajo”. Yo prefiero llamarlo Maniobras Proconvivencia, y aunque a veces cuesta, he llegado a desarrollar la capacidad de realizarlas y experimento una cierta satisfacción cuando soy quien de llevar una a cabo (y esto lo digo porque yo siempre he sido más de soltar la Opción A… aunque sea con una carta anónima pegada en el espejo del ascensor).

Otra de estas Maniobras Proconvivencia es la que estableció mi chico, que es un sol, al irnos a vivir juntos… Hay que decir que yo venía de una vida independiente de trabajadora inmersa en la locura post-adolescente, y me encontré, de repente, embarazada y en paro. Estar embarazada es genial, aunque a veces me veía horrible… y mi chico, que es un sol, tiraba de Maniobras Proconvivencia y me decía: “qué guapa estás”, dándome un beso cuando acababa de ver en el espejo que de guapa nada, que parecía un monstruo escandinavo.

Estar embarazada es genial… sí, pero estar en paro es un infierno, así que en lugar de dedicar las mañanas a darme cabezazos contra la pared decidí empezar a cacharrear y, por qué no, aprender a cocinar. Y mi chico, que no sé si lo dije pero es un sol, estableció una Maniobra Proconvivencia al respecto y decidió decirme, todos los días, y daba igual cuál fuera mi experimento culinario, que todo “está buenísimo”. Aunque sean las mismas fajitas que hago desde los 90 y aún hoy no sea capaz de lograr que no se me seque el pollo; aunque sean unos filetes al limón a la suela de zapato; aunque sean unas lentejas tan quemadas que parece que te estás tragando al dragón Elliot… el pobre, que es un sol, siempre, siempre me dice: “está buenísimo”.

Y la verdad es que se agradece, una vez superado el trauma de ser mujer, estar en paro, y tener que dedicar la mañana a cocinar y limpiar mientras recuerdo aquellos años en los que juraba y perjuraba “¡a dios pongo por testigo, cuando tenga hijos seguiré trabajando y no dedicaré las mañanas a cocinar y limpiar!”; la cosa puede ser hasta divertida y, en ocasiones, gratificante. No “trabajo”, no, pero entre otras cosas, al estudiar y ser mamá+ama de casa full time, ahora he aprendido a organizar mi tiempo milimétricamente, cosa que antes no sabía ni que pudiera llegar a ser necesario.

Y oh, milagro… al final, a base de práctica, paciencia y Maniobras Proconvivencia (de mi chico, que es un sol), he aprendido a cocinar algunas cosas bien, como os contaba aquí, e incluso he aprendido nociones de cocina creativa. ¿Qué es la cocina creativa? Nada como una receta a modo de ejemplo para terminar este post.

calabacin

Ejemplo: receta de Mezcolanza, versión I *

Ingredientes:
– 1 calabacín en las últimas de esos que sobraron del último puré de verduras hace días o incluso alguna semana, y que resiste heroicamente la tentación de pudrirse en el cajón de las verduras del frigorífico.
– Unos taquitos de jamón casi caducados (en mi casa vivimos al límite y si caducaron hace un par de días, allá que van igualmente). También valen taquitos de bacon, o de jamón serrano. De taquitos va la cosa.
– Un poco de arroz del que hicimos anteayer, que sobró y yo en mis ansias de guardar absolutamente todas las sobras, metí en un cubilete e instalé en una balda de la nevera.
– Un ajo y sal.
– Si es el caso, cualquier otra cosa que tengáis en la nevera, en la estantería, en la cesta de la fruta… de la que queráis deshaceros y que la conciencia no os permita tirar a la basura, con los días que corren.

Preparación:

Se saltea todo junto, se echa sal y se come. That’s all folks. ¿Mola, eh? es tan fácil…

Y tan rico…

Y creativo… también, ¿no? Bueno, al menos eso es lo que me dice mi chico… que es un sol.

* La receta de la mezcolanza puede variar, todo depende de qué cosas tengamos en la nevera a punto de caducar o de echarse a perder. En mi casa, si uno de esos ingredientes son huevos y tenemos alguna patata, hacemos Tortilla Basurilla, que consiste en convertir las sobras en una gloriosa tortilla de todo cuanto había en la nevera. Un gran recurso.

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