La “Madre Naturaleza”

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SSLM. Que en realidad es un señor con muy mala leche…

A veces, pienso que lo que comúnmente llamamos Madre Naturaleza es en realidad un señor. Y un señor con muy mala leche. Lo pienso sobre todo dos o tres días al mes, cuando tengo que tomarme mi infusión antidolores menstruales de jengibre y manzanilla, ibuprofeno en el peor de los casos, e ir a todas partes acompañada de mi copa menstrual, con calambrazos en los riñones y un dolor de cabeza de morirse. Los días de regla, vamos.

Y pienso que es un señor, y un señor con muy mala leche, porque nos ha cargado a las mujeres con todas las cruces que se le fueron ocurriendo sobre la marcha. “¡Que sean ellas las que paran!” (de parir, no de parar, evidentemente porque al menos yo desde 2008 no tengo un minuto de inactividad), pensó el señor, y hala, nos encasquetó 9 meses de embarazo que bien podían ser 2 o 3 (el es el Padre Naturalezo, podría haberlo establecido así de haber querido), y al final de esos meses, un retorcimiento doloroso casi insoportable para dar a luz de una forma, cuando menos, grimosa y perdonadme la expresión, pero siendo el Padre Naturalezo podría haber hecho que los bebés salieran más pequeños, o por un lugar más grande… en fin.

ibuprofeno“Que sean ellas las que den de mamar”, pensó luego el señor, y nos infló las tetas cuando todavía nos estábamos recuperando de un parto heroico. No se las infló a los papás, no, que también podía haberlo considerado (no olvidemos que es el Padre Naturalezo y todo lo puede), no. Ellos bastante tienen con mirar o echar un cable en el mejor de los casos. Nos las llenó de leche a las maltrechas recién paridas, o incluso tardó unos días en hacer que esta nos subiera, para martirizarnos; luego, tuvo a bien bendecirnos con unos pezones sensibles que, en muchos casos, duelen un poquito, y en otros un poquito más cuando se empieza a dar de mamar.

Luego el señor dijo “no, no es suficiente… que las hormonas se les vuelvan locas, que justo después de parir les hagan llorar, sentirse malas madres, feas, culpables,… ¡sí! ¡que se sientan culpables! ¿Por qué? ¡Por nada, solo por moler!”, y allá que nos encasquetó a todas las madres del mundo una revolución de hormonas post-parto, que unas superan con más éxito y otras con más lágrimas, lamentos y sufrimiento.

Y el Padre Naturalezo, que tenía un día de especial inspiración, pensó: “¡que los usos y costumbres sociales tiendan, aun a pesar de todo esto, a considerar superiores a los hombres durante años y años y años y años!”. Y ahí tenéis a la humanidad, elevando a los más altos cargos a hombres, hombres y más hombres, y dejando a las mujeres en un teórico segundo plano, poniéndoles el sobrenombre de “sexo débil” hasta hace bien pocos años, si es que no se dan casos de ignorantes que piensan así aún hoy en día; ahí tenéis a la sociedad actual considerando físicamente más resistentes a los hombres. Los hombres, que jamás pasarán por un parto. Los hombres, que jamás tendrán una grieta en el pezón. Los hombres, que jamás tendrán la regla.

Porque sí, el Padre Naturalezo, el señor de la mala leche, no tuvo suficiente y cuando ya estaba recogiendo sus bártulos y se disponía a salir de la oficina, orgulloso de todas las importantísimas decisiones que había tomado en su dura pero prolífica jornada de trabajo, volvió a abrir su cuaderno, cogió un lápiz y escribió la última línea de sus mandatos: “que las mujeres tengan, una vez al mes, un sangrado vaginal… para recordarles que son ellas las que cargan con casi todo. ¡Ah! Y a ser posible, que les duela un poco.

Y en esas estamos.

Os dejo, que se me enfría la infusión de jengibre y manzanilla…

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