El turbomami

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SSLM. Porque es el gadget imprescindible en madres… y padres.

Antes de ser madre, yo vivía sola. Mi casa era un minipiso diminuto con lo básico y los viernes era el día de limpieza. Dedicaba la tarde entera a ordenar mi caos, limpiar el minibaño y la minicocina, tirar la comida caducada, cambiar las sábanas, aspirar, pasar la fregona y leer en la galería, con música y las ventanas abiertas hasta que el suelo se secaba del todo. Entonces, me iba de cañas, o daba un paseo, o me iba al cine. Y tenía todas las tardes del mundo libres, así que si un viernes me apetecía más dormir la siesta, o irme de fiesta con un amigo que limpiar… ¿por qué no?

turbomamiCuando se tienen hijos, eso cambia… porque tener la casa como un piso de estudiantes hasta que llega el día de limpieza, o dejar las cosas a medio hacer, ya no es una opción. Mi proceso de adaptación fue jodido porque yo odio varias cosas, entre otras: limpiar, recordar qué hay que comprar, pensar qué puedo preparar con lo que hay en la nevera, calcular si esta semana comimos ya carne, o pescado, o si llevamos demasiados refrescos y demasiada poca verdura. También odio encontrarme con que tal o cual detergente deja la ropa estropajosa; tener que levantarme de la siesta porque me doy cuenta de que, si no tiendo la ropa ahora, mañana no estará seca la chaquetita blanca de la niña; que mi tiempo de estudio se vea interrumpido porque recuerdo que hay que ordenar la ropa de Eva, o la mía o limpiar el baño, o ir a la compra…

En resumen: odio ser ama de casa y lo odio con todas mis fuerzas.

Pero cuando somos padres y nos convertimos en cabezas de familia, en dueños de un hogar, hay que encender el chip de “esta es mi casa y soy uno de sus responsables”. A mí, después de años de vivir sola y hacer de la limpieza de mi casa un “cuando quiero, porque quiero, como quiero y si quiero”, el chip no se me encendió fácilmente y tuve que hacer lo dicho: joderme, aprender lo que hay que aprender a base de práctica, y forzar el arranque. El hecho de que yo estuviera en casa todo el día, en paro, llevó a que en mi familia haya sido yo la que más horas de amadecasez haya tragado, por eso aprendí antes a poner el turbomami y soy la experta en mi unidad familiar… pero pensar, como piensa mucha gente, que el que pasa el día en casa debe ser el único responsable de mantener el hogar habitable es un error de los gordos, yo creo. Hay turbomami y turbopapi, y ambos son igual de necesarios.

Aviso: si ya sabéis lo que es el turbomami, saltaos este párrafo. Si no, seguid leyendo: Poner el turbomami significa saber qué hay en tu nevera y cuándo caduca, comprar los pañales en el lugar más barato y controlar qué detergente hay que echarle a qué prendas. Es darse cuenta de que hay que recoger la ropa del tendal porque si está allí demasiado tiempo se enguarra casi más que con ocho días seguidos de uso. Poner el turbomami es limpiar el baño casi sin querer de paso que te duchas porque un baño sucio es un nido de gérmenes y de mierda inhumano, y lo mismo pasa con la cocina. Poner el turbomami es ser capaz de estar pendiente de la niña, de la comida que está haciéndose, de que hay que comprar tomate frito y de un proyecto de fin de curso que tienes que entregar antes de las 12 de esta noche. Poner el turbomami es conocer el espacio en el que vives, cómo funciona, qué necesidades tiene la gente que vive en él, y cómo mantenerlo digno y habitable para un bebé, para una familia. Poner el turbomami o el turbopapi es hacer todo eso y lo más importante: saber que hay que hacerlo sin que nadie nos tenga que dar la hoja de instrucciones, y ser capaz de hacerlo en 10 minutos porque en 11 se despertará la niña.

Y aquí comienza mi exabrupto del día: me cabrea mucho la educación que se nos ha dado, en la que se cree que el miembro de la familia que está en paro es el encargado de mantener la casa porque “no tiene nada más que hacer”. Me cabrea que un padre de familia trabajador piense que preguntar de camino a casa “¿has comprado ya el aceite, que no había, o paso yo por el super?” no es su obligación, porque, oiga, “él ya bastante tiene con trabajar fuera”… trabajar por cuenta ajena no inutiliza el área del cerebro dedicada a cosas del hogar: lo sé porque lo he hecho. Me cabrea esa p*ta frase de “¿te ayuda en casa?”. Me jode infinito el rol de ama de casa, pero más me jode el otro rol, el de quien ni sabe ni aprende a llevar una casa porque ya hay alguien que lo hace. Esa máxima de “mamá trabaja en casa porque no trabaja fuera. Papá no trabaja en casa porque trabaja fuera”.

Una educación que fomente la convivencia corresponsable es lo que yo siempre soñé tener para mi familia y es lo que trato, o tratamos de hacer en nuestro día a día. Porque esa creencia de que las madres traemos el turbomami puesto de fábrica y de mil amores, y eso de que (textual) “los tíos, para eso, no sirven”, a mí no me convence. Yo era una soltera alocada, desordenada e independiente. Yo no servía… y miradme: escribiendo un post de ama de casa nivel experto.

Quién me lo iba a decir aquellos viernes que dejaba la limpieza a medias porque me llamaban para ir a tomar algo…

 

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