Mi fantasma de cabecera

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SSLM. Os he hablado del espíritu de Murphy alguna vez… ¿verdad?

Aunque mucha gente me dice que son figuraciones mías, para mí sí existe… es mi fantasma de cabecera. Llevo mucho tiempo creyendo en él y él lleva mucho tiempo sometiéndome a los dictados de su voluntad. En el Murphismo, esta extraña religión de la cual el espíritu de Murphy es la suprema divinidad, la máxima es la que todo el mundo conoce:

Cuando algo puede salir mal, saldrá mal.

Ejemplos ilustrativos de algunos de los contramandamientos de Murphy:

– Cuando salgas abrigada, hará calor, y cuando salgas enseñando pierna y canalillo, te pelarás. Así mismo, cuando por la ventana veas que hace buen día y salgas en alpargatas y con un escote ombliguero, nada más poner el pie en la calle te caerán las tres primeras gotas de un chaparrón con rayos y centellas.

– Cuando te laves el pelo en el gimnasio, se irá el agua caliente en el mismo momento en el que estés ultraenjabonada de la cabeza a los pies. Y no volverá.

– Cuando decidas que hoy mismo empiezas a correr, y sales pertrechada con tu cortavientos, auriculares y zapatillas de deporte, en plena carrera te dará un  calambre de esos que duran dos días, a poder ser en una pierna y a poder ser a dos kilómetros de casa.

– Cuando haga un calor sofocante el lunes, martes, miércoles, jueves y viernes por la mañana, no dudes que del viernes por la tarde a la noche del domingo lloverá, hará viento y vendrán todas las nubes del país a concentrarse sobre tu cabeza y sobre la playa que tengas más cerca. Pero tranquila, el lunes por la mañana, mientras pongas lavadoras y planches un Everest de ropa, verás por la ventana el sol y notarás que el calor vuelve a ser sofocante.

Cuando nos convertimos en mamás, Murphy lanza algunos contramandamientos novedosos y diferentes.

Ejemplos:

– Las visitas llegarán al hospital, o a tu casa, cuando tú hayas conseguido que el bebé se duerma y te dispongas a cerrar los ojos diez minutos.

– La única toma que tu bebé decida que no quiere será aquella que te pille en pleno centro de la ciudad con las tetas a punto de explosionar y el sacaleches sin pilas o en casa.

– Cuando te levantes para ir a currar a las 6 de la mañana, sigilosamente para no despertar al bebé, darás una patada con el dedo meñique a la mesilla y tirarás un termo, un vaso de agua, el biberón de la noche, unas horquillas y, no sé, un par de cencerros o algún otro elemento que haga bien de ruido y que por casualidad se encontraba allí depositado.

– Cuando te pases la mañana fregando la casa en plan nido syndrome reloaded, tu bebé llegará de sus dos horas de guarde con ganas de pasear y dejará el suelo lleno de huellas de manitas que previamente ha empapado de yogur, papilla, babas o caca.

– Cuando dediques tu atención durante más de medio segundo a responder un WhatsApp, hacer pis, beber un vaso de agua o mirar la hora, tu hija, que lleva veinte minutos sentada en el mismo sitio jugando con una jirafa de plástico, decidirá arrancar gateando a mil por hora para dirigirse justo, justo, a donde está aquello que no puede tocar (enchufes, ranuras, bisagras, libros, una hoguera, un precipicio…).

– Cuando llegue ese momento-siesta, en el que oyes el lavavajillas a lo lejos mientras tu bebé duerme plácidamente, te tumbarás en el sofá, pretendiendo dormir una siesta de 4 minutos… y un comercial de cualquier compañía de gas, teléfono o incluso ONG (siempre renegaré de este sistema de captación de fondos) llamará a tu timbre de forma insistente hasta que el bebé despierte llorando a voz en grito. Cuando abras la puerta para matarlo (al comercial, no al bebé) ya habrá huido.

Supongo que Murphy os suena, ¿no? Como os decía, es mi fantasma de cabecera y llevo muchos años creyendo en él y en sus mandatos, que se cumplen día sí, día también y, lejos de ofenderme o disgustarme, me ayudan a tomarme la vida con algo de humor y reírme de mí misma.

Porque además, Murphy sabe ganarse a sus fieles. Justo hoy era el día después de casi-llevarme-pero-al-final-no la Beca Mami, era el día después de saber que mi CV ha sido descartado para una oferta en la que tenía muchas esperanzas puestas, era el día después de llevarme una enorme desilusión al darme cuenta de que esa miniempresa que quiero poner algún día no es tan viable ni realista como yo pensaba… justo hoy, era el día después.

Y esta mañana, cuando intentaba sacar mi coche de un atasco monumental, después de cagarme en los conductores de la provincia y de jurar que la próxima vez cogeré el bus, escuché un frenazo y apareció esto delante de mí:

"Si algo puede salir bien, saldrá bien"

“Si algo puede salir bien, saldrá bien”

Para que luego digan que los fantasmas no existen…

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