Mi pobre agenda

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SSLM. Mi cumple es en enero: el mes en el que haces planes, te pones metas y te prometes a ti misma que vas a cambiar en algunos aspectos… los de siempre, todos esos en los que en la vida has logrado cambio alguno, pero que cada enero te dices a ti misma que ahora sí, ahora va la buena: ser más ordenada, estudiar con tiempo, perder una ristra de kilos, ir más al cine, viajar, leer los libros que nunca conseguí terminar, aprender a ser más organizada…

agendaPor esto último, pedí a mis amigas que me regalaran una agenda el día de mi cumple, y ellas (que sí que son cumplidoras) lo hicieron. Me regalaron una agenda azul con una tortuga en la portada, que me acompaña desde el 17 de enero y en la que escribo todo lo que debo hacer cada día, la víspera. Lo leo al día siguiente… o al siguiente del siguiente. Vamos, que mi agenda es la lista perfecta de las cosas que olvidé hacer.

La jornada de hoy estaba hiperprogramada:

De 7:00 a 9:00 – viajar.
De 9:00 a 14:00 – trabajar.
De 14:00 a 15:30 – viajar otra vez e instalarme en mi minihotel.
De 15:30 a 16:00 – comer.
De 16:00 a 17:00 – dormir una horita, así solamente tendré atrasadas 999.
De 17:00 a 18:00 – terminar el módulo de Planificación del posgrado.
De 18:00 a 19:00 – terminar el módulo de Emprendedores del posgrado.
De 19:10 a 21:00 – terminar los ejercicios de la asignatura “maría” de Derecho (“maría” sí… “maría” los coj****).
De 21:00 a 22:00 – empezar a mirar el tema 4 de Derecho Civil.

Tenía claro que lo único que me podía saltar de esa lista era mi última tarea del día (todos los estudiantes sabemos que eso de “empezar a estudiar el tema 4″ suele traducirse en “dejar el tema 4 para estudiar la última semana antes del examen, junto con el tema 1, el 2 y el 3″). Pero una cosa es escribir lo que debes hacer en tu agenda, y otra es hacerlo… sobre todo, cuando ves que eres una de las finalistas de las Becas Mami de mayo, te pones nervi y, con la emoción del momento, ya no consigues dormir, ni empezar a estudiar, y te pasas un buen rato leyendo los blogs de SSLM.

Después, reflexionando, me dije a mí misma que a ver, Blan, que te quedan 20 días para el examen de Civil, que en esos 20 días tienes que estudiar el posgrado, jugar con tu peque, jugar (¿por qué no?) con tu novio, estudiar 4 temas espesitos de derecho civil y dejar un par de horitas para ingerir algún alimento y dormir, aunque sea apoyada en una sola pierna cual flamenco rosado. Así que reformulé mi planning, cogí mi boli, mi agenda y organicé, prácticamente una por una, las horas que me quedan desde hoy hasta el examen.

Y nada más.

Y aquí estoy, toda orgullosa de lo que me ha cundido el día.

Es alucinante. Hace unos meses, me animé a retomar los estudios porque pensé que, desde que había parido, había aprendido realmente lo que era no tener tiempo para nada y sabía, por fin, organizarme mucho mejor que antes. Cuando Eva tenía pocos meses, yo aprovechaba hasta el último minuto de neni con abuelos o con papi para estudiar trocitos de temario, o para limpiar, ordenar, escribir o repasar. Y de repente… ¡Ajá!

Vuelvo a ser la misma. La misma que hace listas y plannings minutados pero que luego pasa de ellos como de comer chinchetas. La misma de espíritu caótico. La misma personaja vaga, dejada y desorganizada de siempre.

Y he pensado que qué le voy a hacer…

Así que acabo de decidir que voy a pegarme una ducha y a pasear mi orgullo de finalista por las calles de León.

Mi orgullo de finalista… y mi agenda. Ya aprenderé a ser organizada otro día, otra semana, otro mes… después de todo, el enero que viene no queda tan lejos.

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