Tapitas de optimismo (porque hay que comer de todo)

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SSLM. Cuando iba en la grúa que llevaba mi coche camino del taller, sentada al lado de aquel señor bajito y simpático, no pude evitar sonreírme a mí misma. Estaba agotada, y mi coche acababa de dejarme tirada cuando todavía me quedaban 300 kilómetros de viaje para llegar a la ciudad donde iba a trabajar al día siguiente (es decir, hoy). Aún no sabía cómo de grave (ni de cara) era la avería, ni si llegaría a tiempo al trabajo de hoy, ni si tendría que sacrificar mi día libre para recuperar el tiempo perdido… pero aun así, me sonreí a mí misma.

Mi primer post del blog 15 minutos de gloria era una especie de declaración de intenciones. En él, no solo dije qué haría con la Beca Mami si finalmente la ganase, sino que también afirmé que iba a tomarme la vida con más alegría. Por eso, por esa especie de autoterapia a la que me estoy sometiendo, cuando noté que mi coche perdía fuerza subiendo una cuesta, y después de permitirme un momento de histeria autocompasiva (“¿¿¿Por qué a mí, señor, por qué a mí???”) me obligué a mí misma a sumirme en un remanso de paz terapéutico, y procuré disfrutar del día, a pesar de todo.

Y lo hice.

Me sonreí a mí misma, porque la vida es así: es graciosa. Sí, en la vida tenemos que aceptar trabajos precarios (incluso agradecer al santísimo que nos dé la oportunidad de trabajar), ya que con esos trabajos ganaremos sueldos que nos servirán casi exclusivamente para pagar las averías de nuestros coches, averías que serán ocasionadas por hacer con ellos recorridos largos, recorridos que hacemos, por cierto, por motivos de trabajo y no por otra cosa. ¿Veis como la vida es divertida, irónica, ocurrente? Es lo más ;)

A pesar de esta racha que llevo en la que alguien (diría que el fantasma ubicuo de Murphy, pero no diré nada, ¡no quiero ni mentarlo!) me va enviando desde el más allá imprevisto tras imprevisto, procuro recordarme a mí misma que hay cosas buenas que, de repente, te alegran un poquito el día casi sin querer… son como una tapita cuando tienes hambre, pero en vez de tortilla, de optimismo.

smartboxrelax-550x252Algunos ejemplos de mis tapitas de ayer:
– El cobrador del peaje, que a las 8 de la mañana me deseó un buen día y me dijo que tenía una sonrisa muy bonita (yo, lógicamente, no él… aunque también), pudiendo haberme dicho que era una legañosa (¿a esa hora, quién no?).
– El conductor de la grúa, un señor bajito, hablador y simpático que me hizo descojonarme varias veces en la media hora que duró el trayecto.
– El mecánico del taller, que se rio conmigo de mis desventuras y me contó las suyas.
– Mi madre, que me dejó su coche para mis quehaceres y me dio ensaladilla de cenar.
– Mi cama en la casa de mis padres, que aunque está llena de bultos sigue siendo la cama en la que mejor he dormido en mi vida, también esta noche.
– Mi SmartBox, que me tocó en el sorteo de Seguimos Siendo las Mismas y me proporcionará un Instante Relax dentro de muuuuy poco tiempo.

Así que lo dicho: cuando tengáis un mal día, os animo a buscar vuestras tapitas de optimismo. Siempre hay alguna escondida, y encontrarla merece la pena.

Ya os contaré si sigo pensando igual cuando me toque ir a pagar al taller…

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