Érase una vez una recién parida amargada…

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Yo, cuando estaba a punto de explosionar.

SSLM. Hace un año y una semana, así lucía yo. Blanca como un requesón, redonda (y azul) como un balón de Nivea y desfallecida como si acabara de subir al Everest con las bolsas de una compra mensual del Carrefour.

Siete días después de hacerme esta foto, estaba en la cama de un hospital, con una gusanita recién nacida durmiendo al lado, y tratando de descansar después de 17 horas de contracciones y de una cesárea. Además, sufrí un bajón hormonal de esos que te dejan la moral por los suelos, justo por debajo de la autoestima, todo ello acompañado de ataques de llanto repentino (he de decir que más míos que de la neni),  y un dolor de útero, puntos y tetas que no es posible explicar con palabras.

Después, vinieron unas semanas de adaptación en las que experimenté sentimientos súper fuertes y nuevos, totalmente nuevos, que se mezclaban y encadenaban unos con otros. Básicamente eran estos:

Miedo: a hacerlo mal.

Nostalgia: de mi vida de soltera, de mujer libre, independiente, trabajadora y (bastante) irresponsable.

Tristeza: porque todo había cambiado y, de repente, no estaba segura de si me gustaba el cambio.

Agobio: porque no podía desconectar ni un solo segundo.

Vértigo: porque el suelo que había pisado hasta entonces empezaba a quedar muy, muy, muy lejos.

Arrepentimiento: o algo parecido, por haberme tirado a la piscina creyendo que sería capaz de ser madre cuando, “evidentemente”, no lo era.

(Y sobre todo…)

Culpa: por sentir todo eso, y no sentir en absoluto esa felicidad maravillosa y perfecta que proclaman otras recién estrenadas mamás a los cuatro vientos. Me sentí culpable hasta el infinito y más allá.

Al principio, ya fuera por las hormonas, por el cambiazo que pega la vida, o por los sentimientos nuevos que vienen de golpe, sentí mi recién estrenada maternidad como una especie de gran equivocación. Seguramente, a algunas madres que proclaman su felicidad de recién paridas a los cuatro vientos esto puede parecerles una auténtica barbaridad… y me da igual. Yo, en este post, entono a voces por primera vez el mea culpa: sí, estuve amargada, acojonada, triste, odiosa, agobiada y quejumbrosa durante semanas después del parto, y por encima de todo, me sentía culpable.

Diciendo esto no quiero espantar a ninguna embarazada de 8 meses, al revés. Y me explico: cuando las cosas salen bien y somos felices es muy fácil decirlo, gritarlo, cantarlo, disfrutarlo. En cambio, cuando las cosas no son como esperamos, simplemente nos callamos, nos preguntamos qué clase de impresentables somos y esperamos a que pase la tormenta sin decir ni pío… Error. Yo creo que hay que decir las cosas con todas las letras: ninguna madre debe sentirse culpable por pensar, después de parir, que su vida es una mierda, y ella otra mierda por pensar eso. Y no solo porque es normal… sino porque, además y sobre todo, es pasajero. Esa amargura y esa tristeza siempre se curan.

Hoy recuerdo esos días de posparto con cariño y (jamás pensé que diría esto) también con nostalgia. Hoy sé que no fue la equivocación que parecía ser, sino el mayor acierto de mi vida: hoy, y a pesar de todo, mi hija me hace cientos, miles, millones de veces más feliz de lo que jamás hubiera imaginado que podía llegar a ser. Dije que esa amargura y esa tristeza siempre se curan… y es porque los bebés son los mejores médicos.

Y hoy, además, mi doctorcita cumple un año.

Felicidades, bonita, y gracias por traerme hasta aquí.

3 Comentarios

  1. Mady

    Ais, si ya me acuerdo yo de cuando estabas en “momento parto nunca mais”, todo pasa. Mis comienzos también fueron muy mierder, pero mira ahora, repetidora y todo. Pero es que yo creo que son pocas las mamás primerizas que se sienten absolutamente seguras de todo y menos cuando el momento de la llegada no es ni de lejos como lo habías imaginado. Un besuco linda!

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  2. Eva

    Blan que guay verte así de gordota jaja tendrás que repetir que esta “mala” experiencia estará ya olvidada.

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    • Blan

      Pues sí, la verdad es que ahora no me parece tan espantosísima la idea de recaer… pero bueno, aún deberán alinearse un par de planetas más 🙂
      Un besazo!

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