15 días de soledad

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SSLM. Que no son 100 años, pero como si lo fueran…

Mi hija lleva 15 días viviendo con los abuelos. Primero con los maternos y ahora con los paternos.

Muchas veces me preguntan cómo consigo trabajar, estudiar dos cosas a la vez, criar a una peque y tener tiempo para salir a tomar un par de cañas con mis amigos de vez en cuando. Seré sincera: no lo consigo. O mejor dicho: hago trampa, y tiro muchísimo de abuelos… y sobre todo estos últimos días. A un curro temporal que me ha salido, se sumó mi conjuntivitis hipercontagiosa que me tuvo medio inútil unos días, y el hecho de que este es el último mes del semestre en Derecho, y el primero en el posgrado de Traffic, por lo que estoy viendo a Eva muy, muy, muy poco… eso me mata. Cuando pasan un par de días sin verla o viéndola un ratito solo, empiezo a notar una opresión que me machaca y que nunca antes había notado.

Tengo que decir que estos días he escuchado mil veces algo que me cabrea hasta el infinito. Cuando comento con otras personas que mi hija está pasando unos días con los abuelos, por una u otra razón (el trabajo, los estudios, o alguna puñetera enfermedad), me contestan: “aaay, yo no podría dejar a mi hija más de unas horas con nadie, ¡qué horror, qué espanto, qué sinvivir!”. En fin… Con una conjuntivitis contagiosa, varios gastos que se avecinan en verano, y ganas de ganar de una santa vez unos eurillos propios, sí se puede. Aunque joda.

Dicho esto, reconozco que todo sería mucho más difícil si no fuera por los abuelos. Gracias a los abuelos de Eva llevo dos semanas sufriendo mis males con la enorme calma de que mi hija está no digo bien, sino coj*nudamente bien. Los abuelos son todo amor, todo mimo, todo atenciones, todo ilusiones, todo risas… Y aunque me toque muchísimo la moral no tener a mi peque al lado todo el día, sé que hay etapas frenéticas y agotadoras, que esta es una, y que ya llegará la siguiente y podré disfrutar de esos paseítos juntas y de los juegos en la alfombra, y de las papillas de frutas estampadas en la pared de la cocina y de los baños con patitos, pulpitos, tortuguitas y calamarcitos en la superbañera.

En fin… que llevo 15 días sola. Bueno, no, sola no: estoy currando, viajando sin parar, rodeada de gente diferente todo el día… pero con los ojos debiluchos, mil deberes sin entregar y lo que es peor, con mi peque lejos.

Y tenéis que perdonar… pero así no hay quien se inspire :(

Y por no despedirme así en plan suicidio colectivo, haré un juramento bloguero lleno de esperanza: a dios pongo por testigo, nunca volveré a abarcar más de lo que me dan los brazos…

… al menos, hasta la próxima vez :)

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