Mi experiencia con la conjuntivitis vírica

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SSLM. Os contaba en el post anterior que estaba tratando de sobrevivir a una de las enfermedades más engorrosas, incómodas, molestas y contagiosas que tuve en mi vida. Seguramente haya quien piense que es una chorrada, que cuánta gente hay por ahí mucho peor que no se queja tanto… cierto es. Pero creedme: la conjuntivitis es una auténtica mierd*.

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No sé si tuvo que ver con lo poco cariñosa que he sido hasta ahora con mis ojos, o si simplemente me metí en un supermercado y los virus que circulaban por el aire acondicionado hicieron el resto… o una combinación de todo. El caso es que, hace unos días, me levanté con los ojos de un boxeador. Varias cremas y gotas (y días) después, la oftalmóloga me confirmó que no era una conjuntivitis bacteriana sino vírica.

La conjuntivitis es una mierd*, pero si es vírica, es todavía peor.

¿Qué diferencia hay? pues aparte de la que su propio nombre indica, la diferencia más cabreante es que la vírica se cura cuando le da la gana al virus de pirarse. No hay una crema de esas que, en cuanto te la echas, parece que empiezas a escuchar a los bichos invasores pedir auxilio y huir despavoridos (perdonad mi lenguaje poco profesional, la ciencia nunca fue lo mío). Con una conjuntivitis vírica, no existen los milagros, ni los antibióticos: el bicho simplemente se aburre y dice “¡Hala! Ya he fastidiado bastante, me voy de este ojo. Adiós y gracias”. Esto puede pasar en 3 días, 15 o incluso llegar a 30. Y mientras, como advierten los profesionales, hay que ir capeando el temporal con Voltarén colirio y, esta es mi recomendación, con suero fisiológico. Este no hace nada más que lavar el ojo, pero mi teoría es que también cabrea al virus, que no vino al ojo de vacaciones a que lo duchen cada diez minutos, y así se va antes (lo dije, soy de letras).

¡Ah! y otra diferencia: con la conjuntivitis vírica hay que tener muchísimo cuidado porque es muy, muy, muy pero que muy contagiosa y puede resultar peligrosa para los bebés. Nada más decirme eso la oftalmóloga, unos brazos firmes emergieron de las sombras, cogieron a mi hija y se la llevaron, con muda para varios días, a casa de mis padres… Porque que yo me aburra unos días sin la neni es un precio justo a pagar por evitar un contagio. Así que aquí estoy, con mis gafas de 8 dioptrías y media en cada ojo (lentillas NUNCA MÁIS, por lo menos hasta dentro de unos días, je), la casa reluciente, la comida más que preparada y los deberes de mi grado de Derecho y de mi posgrado en Traffic Management hechitos antes de que llegue siquiera el día en el que termina el plazo. La vida sin niños era así…

Y ahora, unos consejos:

– Primer consejo: los ojos deben estar sanos, fuertes, brillantes y preparados para contraatacar cuando cualquier virus, bacteria o bicho asqueroso haga su aparición. Me explico: desmaquillarse siempre antes de dormir, lágrima artificial cada poco rato y si usáis lentillas, un poco de sentidiño, como dicen por aquí… procurad quitároslas de vez en cuando… no como yo…

Segundo consejo: si aun así, tenéis alguna vez conjuntivitis vírica porque os la contagia sabe dios quién y sabe dios dónde (¡nadie está libre!), mi consejo es que, ya que no tiene ninguna más que esperar, os lavéis los ojos cada poco rato con suero fisiológico, simple y llanamente. La lágrima artificial está muy bien, el Voltarén también, pero donde estén unos manguerazos de suero fisiológico purificador, que se quite lo demás. Ha sido mi conclusión.

Por cierto, que otra de las cosas que haría sin dudarlo si consiguiera una Beca Mami sería ir ahorrando para quitarme esas 8 dioptrías y pico de miopía de cada ojo. Tiene que ser increíble eso de abrir los ojos por la mañana… y ver.

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