Un zumo para purificarse

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zumo_purificador-550x252SSLM. Yo creo que una de las frases que más se repite en las cabezas de las recién paridas (o al menos lo fue en mi caso) es esa de “yo, antes…”: “Yo, antes, dormía doce horas seguidas”, “Yo, antes, salía de fiesta otras 12 horas seguidas”, “Yo, antes, cabía en mis pantalones”, “Yo, antes, no tenía unas ojeras que me llegaban a las comisuras de los labios”, “Yo, antes, podía subir un tramo de escaleras con una carpeta llena de notas de prensa en una mano, mi bolso con el abrigo enganchado en la otra y la réflex al hombro sin echar las tripas por la boca”… en fin, ya me entendéis. Ser madre es una pasada, pero está claro que hay muchas cosas que difícilmente volverán a ser las mismas después de parir y, aunque yo siga siendo la misma, a veces la nostalgia de lo que era antes me hace sentirme una señorona anquilosada, gritona, arrugada y ojerosa.

Yo tengo una teoría, y es que si tienes mucho miedo de convertirte en algo pero no haces nada para evitarlo, terminarás siendo exactamente aquello que temías ser. Por eso me he propuesto tomar esas medidas que tenía que haber tomado al mes de parir: me he apuntado al gimnasio con la voluntad férrea de ir, he empezado a ir al cine y a escribir otra vez, me he puesto la auto-norma de hacer mi vida divertida cueste lo que cueste, y he empezado el proceso “cenar-sano-y-poco”, que es lo que a mí mejor me va para dormir bien y rendir al cien por cien al día siguiente.

Así que, a lo que iba (¡cómo me enrollo!): ayer volví a prepararme de cena un zumo purificador. El zumo purificador está ahora de moda: consiste, básicamente, en juntar un montón de cosas sanas que puede comer un ser humano, batirlas y zamparse el resultado a sorbitos a lo largo del día, o de cena, o de comida… He visto que hay quien aconseja que desayuno, comida, merienda y cena sean un zumo de ésos durante a menos un día a la semana. Yo creo que a mí, con tener un día al mes me llega… que una cosa es purificarse y otra hacerse el harakiri.

No sé de dónde había sacado yo mi primera receta de zumo de esos… aquélla me espantó. Por eso, fui depurando mi técnica hasta dar con un zumo más tragable y de hecho, debo decir que el que yo preparo está rico. Os doy mi receta.

Ingredientes (*):

– Zumo de 2 naranjas y de medio limón
– Media manzana
– Media pera
– Medio plátano
– Un trocito diminuto de apio (diminuto, ¿eh? que si no no hay quien lo trague)
– Espinacas (un puñado de brotes)
-Lechuga (poca, un par de hoja)
– Agua a ojo (o no, yo muchas veces no le echo agua)

Elaboración: no tiene mucha ciencia, consiste en batir todo y en meterlo en el frigorífico o zampárselo tal cual y hala, a purificarse.

Sé que me ha quedado un post-receta-sana-y-saludable un poco raruno… lo siento. Reconozco que las recetas no son lo mío y que eso de los hábitos saludables me cuesta un poco… porque mucho zumo purificador y mucho gimnasio, pero en cuanto mi chico abre la cervecita y se pone a freír nuggets de pollo a las 11 de la noche soy la primera en ponerme a dar saltitos alrededor de la sartén esperando a que me den lo mío.

Porque hay cosas que nunca cambian…

(*) Post-post: antes de que alguien más piense que me meto todo eso de cena, aviso: con esos ingredientes a mí al menos me da para un día entero. Una vez hecho, nevera :)

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