Con mi réflex

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SSLM. A los pocos meses de quedarme embarazada, me quedé también en el paro. No tuvo que ver una cosa con la otra, ni mucho menos… simplemente se acabó la beca que había estado disfrutando durante 18 meses en un gabinete de prensa.

Digo disfrutando y digo bien, porque mi trabajo consistía en cubrir eventos deportivos y culturales de los que aprendí mucho. Tenía que preparar convocatorias, notas de prensa, recorrer la provincia para asistir a los partidos, competiciones, representaciones o exposiciones y hacer un seguimiento de lo que se publicaba después en los medios. Todo ello acompañada de mis dos compañeros. Uno de ellos era un chico que todavía hoy es uno de mis amigos más queridos; la otra (salvando las distancias) era mi cámara Nikon D80, que fue una prolongación de mi brazo durante un año y medio.

Echo de menos a ambos, pero mi compañero ha seguido su vida laboral y personal en otra ciudad, así que solamente puedo quedar con él muy de vez en cuando para tomarnos un par de cañas y hablar de todo y de nada. En cambio, mi Nikon D80 llevaba semanas aparcada en el armario de la entrada, y yo llevaba meses sin la inspiración necesaria para cogerla e inmortalizar todo a mi alrededor, como hacía antes.

Hace unos días volvió la inspiración. Y en vez de fustigarme por haber vivido sin ella los primeros 10 meses de mi hija, agarré mi cámara y me puse a fotografiar a mi peque, a su padre, sus abuelos y todo a su alrededor. Cuando se durmió, salí al campo y, en 15 minutos, hice mil fotos de esas que solo valen como fondo de escritorio, pero que me dan una satisfacción personal que es difícil describir en un par de párrafos.

Aquí os dejo una pequeña muestra. No de lo buena fotógrafa que soy (ja), sino de lo bonita que es la primavera.

¡Un saludo a todos!

castiñeiro
Camelia
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flor blanca

flores blancas

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