Los disfraces, las tetas (otra vez) y las gracias

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Estos días la abuela paterna está haciéndole el super disfraz a la prota de este blog y de los próximos carnavales de nuestra vida. Lógicamente el disfraz es una sorpresa para el mundo, pero vamos los 3 juntos, padre, madre y niña, y monísimos. Sobre todo el padre y la niña, yo creo que voy un poco grotesca… pero bueno, ¿y quién no en esas fechas? En definitiva, que estamos en plenos preparativos y me ha dado por tirarme a la piscina de las manualidades (no escarmiento, no), así que tengo mi mesa llena de tijeras, foamy (sabéis el juguillo que da ese material? jaja), cartones y pegamentos de diversos tipos. Siempre compro material suficiente como para equivocarme al menos una vez (tras años de recortar la foto de debajo pensando que solo recortaba la de arriba, de coserme el botón del lado que no es, o de acabar con los dedos pegados cuando uso cola de contacto, voy conociéndome y tomando medidas de precaución para conmigo misma) así que no tiene porqué haber ninguna desgracia. Ya iré informando…

Y en otro orden de cosas, hago saber a mis lectores que ya está asomado y bien asomado nuestro amigo Piño Segundo: el diente número dos de la neni, el que viene para dar un poco de uniformidad a esa boquita que pensábamos que se quedaría con un solo diente durante semanas, dándole a mi adorada hija un aspecto irresistible de pequinés octogenario.

Piño Segundo ha venido para quedarse, al menos unos años… y con su llegada, me ha hecho tomar la decisión definitiva… bueno, no a mí, más bien a mis tetas: mis tetas se retiran discretamente, desde el día de hoy, a un segundo plano, felices por haber cumplido su cometido durante 8 casi 9 meses, y prometiendo que volverán a hacer acto de presencia, les cueste lo que les cueste, con un par de huevos bien puestos, las energías renovadas y el calostro pidiendo pista, si decido olvidar todo eso que las madres deben olvidar sobre el primer parto para animarse a pasar por un segundo.

Así que desde aquí hago público el mensaje más extraño que he hecho público en mi vida:

GRACIAS, TETAS.

Gracias por haber soportado estoicamente las heridas de guerra de los primeros días.
Gracias por haberme ahorrado levantarme cada 3 horas a preparar biberones a las tantas de la madrugada.
Gracias por estar ahí gratis y no a 10, 12, 13 o 15 euros el bote.
Gracias por ser mi arma para calmar lloros y berrinches.
Gracias por hacer que la neni tuviera las defensas de su madre.
Gracias por haber sido las intermediarias entre Eva y yo en esos días en los que todavía no sabíamos muy bien cómo comunicarnos.
Gracias por tener siempre toda la comida que la neni reclamaba, o más. A veces, más. Sobre todo cuando me pillaba con la neni dormida, fuera de casa y sin el sacaleches. Pero corramos un tupido velo.
Gracias porque a pesar de haber transportado litros y litros de leche, no os habéis convertido en higos pasos. Ni muchísimo menos… ¡De hecho, gracias por no cambiar!
Gracias por no haber escapado de mi torso, como el culo aquel del cuento del niño sin culo*, estas últimas semanas en las que los dientes han hecho aparición y han marcado territorio, nunca mejor dicho, sobre vuestra frágil superficie.
Gracias por haberme hecho sentir mamá.
Gracias por esta agradable etapa.
Gracias… ¡y adiós!

Os dejo, voy a celebrar con una cerveza que mis tetas pasan de ser comederos a ser los elementos ornamentales que eran hace un año y medio. Ofrezco mis disculpas si alguien encuentra frívolo este post… a veces soy así, no puedo evitarlo… y me hago mucha gracia.

Saudiños!

* El cuento del niño sin culo lo tenía yo en casa de pequeña. Era un poco extraño, y en la actualidad estará más que retirado del mercado. Era la historia de un niño que se portaba fatal, por lo que le pegaban cachetes en el culo cada dos por tres. Por esto, el culo emigraba del niño con las maletas y todo. Y el niño no podía sentarse, ni acostarse, ni montarse en los caballitos, ni jugar… porque no tenía culo. Así que le prometía al culo que se portaría bien, que no le pegarían más, si volvía con él. Y volvía. Y eran felices y comían… bueno, no sé que comían, la verdad. Ya veis, todo menos políticamente correcto para los tiempos que corren 😛

4 Comentarios

  1. Marta

    Jajajaj, menuda oda te has marcado a tus señoras tetas. Me ha encantado! Lo del libro no lo conocía, pero sí, para estos tiempos que corren, no creo que sea santo de devoción de muchas madres y padres.
    Bienvenido Piño segundo. Esperamos que le haga buena compañía a Piño primero, y no lo apabulle, arrincone o empuje. Dentro de nada, tendréis nuevos vecinos: Piño tercero, Piño cuarto… Y algún que otro Piño Afilado.

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    • bdiazrei

      Pobrecita, está más guapa con sus dientes… hoy fue la primera noche de bibe en lugar de teta y la verdad, me dio más pena a mí que a ella, yo creo 😛

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  2. Chitin

    Jo! q fuera de onda estoy… he tenido q buscar en san google lo q era el “foamy”..q ni idea oye! con 9 meses tu nena ya tiene 2 dientes!!! la mía tiene casi 10 meses y nada de nada todavía… eso sí, mejor q no la salgan todavía, porque depende un montón de la leche de mami…y si la da por morder, no sé si lo soportaría…

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    • bdiazrei

      No te preocupes, hay muchos bebés que cuando les sale el primer diente, muerden un poco en plan jugar, pero no seguido… porque los dientes para mamar no les hacen falta. Yo creo que Eva es una excepción, muerde todo, todo, todo el tiempo, es como si de repente no tuviera hambre, o se le olvidara al darse cuenta de que es mucho más divertido mordisquearme… en fin, que mano de santo. Estamos las dos felices, ella con sus dientes y yo con mis tetas ilesas 😛

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