Nos mudamos

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Por unas semanitas, las que quedan hasta el día E (de Eva) y las que lo seguirán, yo tendré la central de operaciones en “la aldea”. Es un sitio que, a veces, puede resultar algo aburrido y en el que te sientes alejado del mundo… y precisamente por eso es mil veces más saludable que cualquier pueblo o ciudad que exista. No hay nada como despertarse y poder tomarse un café en el jardín de atrás, mientras el sol te da en la cara, o poder dar un paseo sin esperar a que el monigote del semáforo se ponga verde para cruzar, y… en fin, todas esas cosas que se suelen decir de las aldeas.

Así que en estos últimos meses nos hemos dedicado a hacer (más) habitable la  Casa de Colorines. La Casa de Colorines está en una aldea, con la casa de mis padres justo enfrente y la de mi abuela y mi tía justo al lado, por lo que además de bonita, tiene el mejor vecindario que puedo pedir para los primeros días o semanas de vida de la enani.

La enani, que por cierto, está lozanita y engordando mientras juega a la comba con mis intestinos y al fútbol con mis costillas. Cada día estoy más incómoda, pero cada día me da más pena que el parto esté tan cerca… dejar de tenerla ahí calentita, protegida, para mí sola, sin problemas ni agobios propios del mundo exterior… empiezo a entender a mi madre, que dice que, por ella, sus embarazos podían haber sido como los de las elefantas.

Tengo varios posts pendientes (más como diario personal que como otra cosa, evidentemente) porque hay mil temas de los que me gustaría acordarme después de dar a luz… pero, de momento, las cosas que quiero hacer, o más bien que hagamos (mi barriga y yo) antes del momento E (de Eva :P) son:

– Fotos de la barriga, tanto artísticas como grotescas (aunque a estas alturas, una cosa y la otra serán casi lo mismo).

– Meternos en la bañera con sales y un libro.

– Estar en la Casa de Colorines con la música a todo volumen. Da igual qué música, pero a todo volumen.

– Ponerme al sol. Sé lo de las manchas en la piel, sé que el primer sol del año es peligroso… pero lo necesito. Estoy convirtiéndome poco a poco en mi pelota de yoga, pero en vez de rosa fucsia, soy blanca (blanca de color, además de de nombre). No quiero ponerme activador del bronceado e irme a resecar a mediodía a una playa del Caribe, solo quiero que me dé un poco el sol en los hombros. Aiiiiiiiish… ya lo dije.

– Relajarme un poco y olvidarme de lo que “hay que hacer” para pensar en lo que quiero hacer,y en todas las cosas que van a cambiar dentro de unos días.

Según la gine, la niña está tranquila y no parece que tenga prisa por salir de su escondrijo. Se lo agradezco, así tendré unos días para re-asimilarlo. Porque me da a mí que es cierto eso que dicen… que mientras no pasa, no te das cuenta de lo que realmente se te viene encima. Como diría un cura que conozco… oremos.

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