El nombre del señor…

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… o señora! Esta es una de las grandes hazañas que debe afrontar todo padre de bebé, incluidos nosotros: elegir un nombre bonito que, al menos, debe reunir estas características.

1. Hacer que los prepapás sonrían y sientan cosquillitas, porque son capaces de visualizar a su hijo o hija al escucharlo. Esto es impresionantemente difícil: los papás son 2, y que 2 personas se pongan de acuerdo en algo así no siempre es fácil. Hay que asumir desde el principio que muy probablemente, el nombre que yo le pondría a mi hij@ si no hubiera un papá opinando no es el que le pondré realmente. También hay que asumir que “yo conozco a alguien con ese nombre y no me cae bien/es calvo/era mi profe/es mi jefe/no es mi amigo” no siempre puede ser una excusa válida. Cuando se asume esto se pasa a la característica 2.

2. No resultar impronunciable y espantoso para los futuros abuelos. Me da mucha pena cuando alguien le pregunta a un abuelo cómo se llama su nieta, y no sabe responder porque el nombre es una especie de modernidá choni y casposilla que la madre escuchó en la última telenovela. No será nuestro caso… yo no veo telenovelas 🙂

3. No provocar incredulidad o ataques de risa en los futuros tíos. Y esto sirve para todo en esta vida y no solo para elegir un nombre: cuando tu hermano o hermana te pregunta “¿pero es en serio?”, está lanzándote miles de mensajes cifrados, y ninguno bueno. Si tu hermano o hermana no da saltos de alegría cuando le comunicas algo relacionado con su futuro sobrin@, algo malo pasa. Si ya directamente no puede evitar reírse en tu cara, olvida ese nombre para siempre.

En mi opinión, estas son las 3 únicas cualidades que debe tener el nombre de mi hij@. Y digo esto porque he estado leyendo foros y blogs en los que madres despavoridas piden ayuda porque no se les ocurre ningún nombre que no ofenda a su familia, ya sea porque es el del primo (que no quiere que nadie más responda a su nombre), el que quiere ponerle el hermano a su hijo (cuando tenga), el que significa demonio en swahili, el de un enemigo acérrimo del abuelo, el del pueblo de al lado o algo similar.

Es cierto que cuando leo algunos de estos foros, a veces me sale la vena radical y me pregunto cómo es posible que algunas señoras tengan hijos sin pasar un psicotécnico. Pero realmente en algunos casos el agobio es fundado: existe el riesgo de que algunas personas pasen de dar una opinión que será bien recibida y valorada (o no) en el momento de elegir, a emitir juicios y sentenciar de una manera que a las pobres mamás y papás se nos pone un nudo en la garganta. No ha sido mi caso, pero me imagino a esa chica que contaba que, cuando comentó con la familia que quería que su hija se llamase Lúa, la mujer del hermano del marido le dijo “¡Oh! como mi perra. Tu hija se llamará como mi perra”. Puedo imaginarme la cara de la premamá al escuchar esto, y puedo imaginarme también qué pudo haberle respondido a una persona tan increíblemente maleducada.

En definitiva, la gente es poco misericordiosa. Todo el mundo quiere dar su opinión y hay que tener en cuenta que, si todas las parejas hicieran caso a alguien más aparte de a los futuros abuelos y tíos para opinar sobre el nombre, nadie se llamaría de ninguna manera. Mi hij@ podrá llamarse como un vecino, un perro (hay perros que se llaman Pepe o Antonio), un personaje de dibujos, un conocido poco apreciado o un primo muerto en la mar, pero que para nosotros lo importante es que el nombre elegido será, siempre, en primer lugar, el de nuestr@ hij@. Luego, si eso, lo demás.

A todo esto, algunos nombres descartados, hasta el momento, son: Mandarina, Chindasvinto, Avelino, Agatónica, Herodes, Ikea y Brfxxccxxmnpcccclllmmnprxvclmnckssqlbb11116 (que según los padres que intentaron ponérselo a su hijo sueco, se pronuncia “Albin”). Cuando sepamos si es niño o niña, descartaremos alguno más… hasta entonces, se aceptan sugerencias (y ya veremos qué hacemos con ellas!).

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