“Nada será lo mismo, nada será igual”

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Estaba sentada en esta misma silla cuando, de repente, lo supe. Más tarde, una buena amiga me dijo que sí, que llegado el momento, por lo que sea, de pronto lo sabes. Y, más o menos, eso fue lo que pasó.

Un día más tarde, después de lloros, risas nerviosas, besos y abrazos, miedo, vértigos y miradas al vacío, me encontré en el asiento del conductor de mi coche heredado, con la radio murmurando una canción de Loquillo y los Trogloditas, y con la Blan más perdida del mundo mirando una foto en blanco y negro en la que no aparecía nada.

O en la que aparecía todo, supongo.

A partir de ese día, mi cerebro se llenó de una sola cosa que todavía hoy no entiendo demasiado bien.

Pero a pesar de los malos momentos que acompañan a todos los cambios (incluso los cambios para bien), agradezco al destino, a los elementos, a la suerte… a quien sea, que mi vida haya cambiado de esta manera y me haya encontrado inesperadamente con dos cosas: primero, con la persona más increíble del mundo, de la que no me da miedo ni siquiera enamorarme hasta el infinito y más allá,  y segundo: con una manchita blanca en una foto incomprensible que hará que mi vida tenga el sentido que siempre quise que tuviera.

Aunque haya sido antes de tiempo. Aunque mi vida tenga que detenerse y arrancar de nuevo.

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