Reflexiones (casi)post-veraniegas

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La casa de mis padres sin mis hermanos es como una piscina sin agua, una playa sin socorrista guaperas o un paraguayo sin pelo (que hoy me enteré de que existen). Después de tres gloriosas semanas de vacaciones en San Martiño, volver a Lugo se hace muy cuesta arriba, por no decir otra palabra que suena peor (y que no pega en un blog serio). De hecho, me siento tan solitaria que hasta he ido a ver a la frutera a la que normalmente evito comprarle fruta porque tiene más rollo que Fidel Castro, precisamente para eso: para hablar con alguien.

En fin… en lugar de lamentarme, pongo aquí varias de las fotos chulis que mis 3 semanas de vacaciones han parido.

Qué guay, todavía tengo 7 días de vacaciones en la recámara 🙂

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